Supongamos que soy una influencer “feminista”

22 Sep

Lxs invito a pensar en dos palabras: privilegio y empatía.

Les propongo que hablemos de forma clara y sin miedo a incomodar: somos una sociedad racista y clasista. Hemos normalizado prácticas discriminatorias que deben parar porque aunque no nos gusten los pobres, los negros ni los feos y aunque los ignoremos en nuestras redes sociales, por obvias razones, debemos aprender a decir que sí nos gustan porque eso nos hace ver lindas y empáticas y vamos a atraer más campañas con las mejores marcas. Todxs sabemos que no importa ser sino representar y por eso propongo que esta gente sea visibilizada. Amigues: no nos acostumbremos a normalizar la falta de empatía.

Es urgente establecer debates en diferentes espacios sobre racismo, colonialismo, falta de representación de mujeres de barrios marginales, negras e indígenas en los medios, en las universidades, en cargos administrativos y gerenciales. Pensemos en supremacía blanca, colonialismo, invisibilización de personas feas, gordas, sucias y con aliento pestilente por exceso de pobreza y falta de higiene; pensemos en la forma en que practicamos la apropiación cultural de la jerga de los ñeros. Los invito a que nos preguntemos por qué no tenemos amigues ñeros pero nos encanta decir gonorrea, parce, garbimba y severa lámpara.

A veces el privilegio (ser blancxs, pertenecer a determinada clase social, no estudiar en el SENA ni en universidades públicas llenas de gente fea y mal vestida, ser una persona cisgénero, etc.) y la falta absoluta de empatía (no nos enseñaron a desarrollarla) no nos dejan ver lo rentable que puede ser para una persona con privilegio como yo defender a esta pobre gente para ganar más seguidores y que me entrevisten en los medios.

Estamos en un momento de mayor conciencia, mayor conexión, mayor posibilidad de escuchar esas voces que han sido históricamente invisibilizadas… ¡Hagámoslo! Reconozcamos esos errores, esos comportamientos racistas y clasistas.

No nos gustaría que la coima que barre el piso de nuestra casa compartiera los mismos lugares ni nuestros gustos, como tampoco nos gustaría que ella usara la misma ropa que usamos nosotras porque ¡qué boleta, en serio, parce! pero les propongo que luchemos para cambiar esa forma de ser y de pensar.

Aprendamos a desear que ellas y nosotras seamos Hermanas de Causa, feministas empoderadas y empresarias de la mentira, la melosería y la manipulación.

¡Que se acaben todas las barreras!

ita

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