Progres en Colombia

11 Ago

Colombia es un país insignificante sumido en la pobreza, la apariencia, la ignorancia, el machismo, el pensamiento conservador, la violencia, la fe inquebrantable en Dios y en todos los Santos (aunque muchos digan que son ateos para parecer rebeldes y contestatarios) y con la idea vista desde adentro -especialmente desde Bogotá por personas que vienen de la provincia a vivir aquí la idea de lo que consideran ellos es volverse bogotano-, desde la perspectiva de los neobogotanos super chic al mejor estilo Sandra Suárez en sus bicicletas y con sus carteleras como Catalina Ruiz-Navarro en sus plantones en minifalda para defender todo tipo de Causas (pacifismo, feminismo, animalismo…) para parecer buenos, sensibles y comprometidos; ellos dan por sentado que somos un país en vía hacia el desarrollo porque vienen de un tierrero todavía más lamentable que Bogotá, asumen que estamos conectados con el mundo como cualquier gran capital, se solazan con la idea tonta de que Colombia va bien y mejorando… pero indagando en internet sobre algo tan banal como ¿qué es ser progre? para saber si esa tontería está conectada con la corrección política y la autocensura, con el famoso “hay ciertas cosas que no deben decirse” y con el “todos somos buenos por naturaleza y debemos ser empáticos con los seres sufrientes y con los que no tienen voz”, pensando en tonterías de ese calibre auspiciadas por las redes sociales podemos convencernos de que seguimos siendo además de un país insignificante sumido en la ignorancia, la pobreza y la violencia, además de todo eso que ya somos, parece que estamos condenados a seguir siendo el eterno país sumido en el ridículo porque todas las ideas las tomamos de afuera -especialmente de Estados Unidos y Europa- con la ilusión de que pueden aplicarse aquí y, como siempre, terminamos siendo la caricatura de actos caricaturescos en otros países. Con los progres colombianos se repite la misma triste historia que con las culturas urbanas: la payasada local llega demasiado tarde casi siempre, la copia de la copia de una payasada venida de afuera con el sello de lo juvenil, lo rebelde, lo contestatario… pero ya todos sabemos que los rebeldes del piercing y el tatuaje serán siempre los eternos ridículos desde 1960 hasta nuestros días aquí o en cualquier lugar del mundo.

El progre es rico y ve los países pobres y a sus habitantes (nosotros) con cariño y mucha conmiseración, pero no quiere vivir en Colombia, en Cuba ni en Venezuela; el remedo de progre colombiano instalado en Bogotá no querría vivir en Tarazá o en Tambo sino que llora a los pobres y a sus muertos desde la comodidad del hogar y busca muchos favs y muchos rts gracias a la refinada elaboración de sus tuits, fruto de un largo proceso de depuración de sus estados anímicos archisutiles.

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