Vivir en Piedad

4 Jun

Al negro siempre le toca trabajar el doble para que le reconozcan algo, pero utilizar el color de la piel para justificar los fracasos es una disculpa que sacan los perezosos.

Juan Luis Castro Córdoba es uno de los hijos de Piedad Córdoba y escribió un libro sobre él, sobre ella, sobre su familia y sobre Colombia, la Colombia que muy pocas personas conocen, la de Chocó y Buenaventura, la de los Castro Córdoba en Medellín y la de los colombianos que lo tienen todo en el exterior y deciden regresar como él por diferentes razones, especialmente por los amigos, los recuerdos de la infancia, la familia, el verano eterno que vivimos en Colombia y que nos hace tan particulares: seres humanos que gozan con la música, el baile, la comida y el aguardiente en medio de la violencia, la pobreza extrema, la ignorancia más atrevida, el racismo sin ningún tipo de pudor ni disimulo, el clasismo, el machismo y el arribismo que nos convierte en seres exóticos gracias a que a esta mezcla explosiva y confusa se le suma el narcotráfico, el uribismo, la impunidad, la hipocresía, el fanatismo religioso y la falta de memoria para reconocer los méritos de las personas que no son como nosotros y se han esforzado por los demás por el simple placer de ayudar. No los reconocemos porque los medios de comunicación se han encargado de hacerlos ver como villanos y de tanto repetirlo un país entero ha terminado creyéndolo.

Vivir en Piedad es un libro necesario en Colombia para hacer memoria, para conocer la versión de los hechos desde la mirada del hijo de la figura pública más repudiada en Colombia porque tiene todos los requisitos para serlo, la famosa triple dominación según lo planteado por Pierre Bourdieu en La dominación masculina: mujer, negra, arrogante y directa. Eso en Colombia es imperdonable: A una persona como yo (Piedad Córdoba), para llegar más lejos en política, le queda muy difícil… Me tendría que cambiar el color de la piel, volverme hombre y volver a nacer en una familia rica… Haga lo que haga seguiré siendo esa negra, la mica del Congreso. La gente nunca me va a respetar.

La queja más directa a lo largo del libro es el racismo, una condena que no ha vivido sólo Piedad Córdoba y su familia sino una gran parte de colombianos olvidados y abandonados por el Estado. Estamos tan acostumbrados a pensar en las personas de raza negra a partir de nuestros prejuicios que imaginar algunos pasajes del libro nos hace pensar que se trata de una película y no es ficción lo que se narra aunque la historia esté enmarcada en la autoficción -sin contar con que es el hijo quien habla de sus padres, abuelos, hermanos- y, claro, se pueden desfigurar algunos hechos porque se habla de seres humanos reales con toda la carga afectiva y desde la nostalgia de saber que ya no están porque algunos personajes murieron o porque durante un buen lapso de tiempo estuvieron separados en el espacio pero unidos por el dolor y la incertidumbre; de forma inconsciente el autor tratará de mostrar la versión que más los favorece como familia y como seres humanos porque uno de los propósitos es reivindicar la imagen, el verdadero rostro de una mujer que ha sido estigmatizada por los medios de comunicación colombianos.

La autoficción recrea recuerdos y sensaciones personales vividas por alguien que escribe y bien sabemos que cada vez que recordamos un hecho lo modificamos; cuando escribimos sobre lo ocurrido esos hechos se convierten en literatura, en una nueva versión de la vida con fines estéticos: Pero todo cambió en el pueblo con la llegada de Zabulón. Para los habitantes de allí era muy raro ver a una persona negra, pero más raro aún era ver a una persona negra tan bien vestida, en traje de seda, con camisa almidonada, encorbatada, con anteojos y un sombrero de hoja delantera que entonces estaba de moda. Zabulón es el padre de Piedad Córdoba.

Las vacaciones terminaron. Me encontraba en el bus de regreso a Medellín, mis hermanos y yo siempre habíamos llorado desaforadamente por tener que regresar a casa, por tener que regresar a un lugar donde nos hacían sentir como extraterrestres por el color de nuestra piel, y porque tenía que retomar el colegio. A lo largo de la narración son frecuentes los recuerdos de la infancia feliz sin necesidad de grandes lujos ni manjares, se resalta la alegría de la gente, la fuerza de la raza en medio de las dificultades y hay una idea que se repite en varios pasajes: la certeza de que la raza negra es poderosa porque en Colombia está asociada con la esclavitud y con todo el desprecio posterior, con poner al límite a seres humanos que fueron tratados de forma inmisericorde, los sobrevivientes son los más fuertes y no sólo sobrevivieron, son más fuertes y resistentes que los supuestos blancos que los desprecian.

Una de las razones de Juan Luis para regresar a Colombia tiene que ver con los recuerdos, recuerdos de sus vacaciones en Buenaventura: En medio de la noche, extrañaba la Canturrana, el barrio donde vivía mi tía Chepa en Buenaventura, donde yo quería vivir. Extrañaba dormir en la cama con toldillo a prueba de cucarachas, zancudos y ratas que se apoderaban de la casa en la noche apenas apagaban la luz. Extrañaba el sonido de la lluvia en el techo, que me arrullaba en las noches; o las tardes jugando con mis primos en la azotea mientras nos mojaba el agua lluvia y nos frotábamos con jabón azul, de ese que se usa para lavar la ropa. Extrañaba salir a correr en calzoncillos con mis amigos, para terminar en la playa El Arenal y nadar en el agua color café del mar de Buenaventura; o ver los buques de carga llegar y salir del puerto. Extrañaba las varas de pescar improvisadas con palos de escoba y nylon; o tratar de sacar de las entrañas de la playa un cangrejo para luego comérnoslo.

Recuerdos de Colombia estando en Estados Unidos o en Canadá y una posición laboral que termina siendo demasiado cómoda y monótona lo motivan a regresar al país:

No podía negar que mi situación era mucho mejor económica y académicamente que la de casi cualquier profesional que trabajara en mi país. Tenía acceso a una educación de alta calidad en mi especialización y me estaban pagando por hacerla, pero a veces sentía que el precio era muy alto, especialmente cuando llegaba el invierno. Poco a poco, con el tiempo, uno se da cuenta de que el recuerdo como persona se hace vago y tardío en la memoria de aquellos que uno dejó en su país. La proximidad se pierde paulatinamente, lo cual hace más pronunciado ese sentimiento recíproco de olvido, pero a la vez el anhelo de recuperar esa proximidad se agranda a medida que pasa el tiempo estando lejos. Es muy común escuchar el cuento de estar ahorrando para volverse al país de origen, o el de estar comprando un terreno o una casa en la tierra natal con el fin de regresar. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa las cosas se complican y volver se hace más difícil.

Juan Luis narra la historia de su madre mientras narra la suya y en una buena parte del libro se destaca el hecho comprobado de que la pasión por un deporte nos da instrucciones para la vida:

El atletismo se corre como se vive la vida: no te preocupes por el final, sencillamente preocúpate por entrenar y correr con mucho esfuerzo, eso te va a pulir el carácter y te va a hacer mejor. En la medida en que uno soporta más dolor, corre más rápido y por más tiempo, y la vida se hace más fácil. Después, cuando tengas problemas, te vas a acordar de ese cansancio, de ese sufrimiento, y te va a parecer un juego todo lo demás.

Había aprendido que las carreras se ganan o se corren mejor si se respeta el ritmo propio y no se trata de manejarlo con respecto al competidor.

Juan Luis tardó mucho tiempo en comprender el carácter y las pasiones de su madre y son frecuentes los conflictos entre ellos porque son personas diferentes y no es fácil ser el hijo de Piedad Córdoba, una mujer que denuncia, que habla fuerte, que señala con nombres propios y que está dispuesta a llegar al fondo de sus pesquisas y de sus proyectos: Ella sabía que nunca ganaría la presidencia, aspiración de todo político, pero pensaba que al menos sería reconocida como una líder aguerrida…. Su vocación era la sangre que corría por sus venas; quizá lo había heredado del Senador negro más influyente en la historia de Colombia, quien fue su tío… Yo que apenas me estaba acostumbrando a lidiar con ser negro, pecado heredado a los ojos de los demás, también tenía que soportar el desasosiego de estar relacionado con un personaje controversial de la vida política nacional.

Esta reflexión de un asesor es un poco triste porque nos muestra una de las verdades más dolorosas de la naturaleza de los colombianos: Tienes que entender que este es un país racista, sexista y victoriano. Vender tu imagen es muy difícil, ¿qué estás pensando?, ¿que estás en Europa o en Estados Unidos? Por más que tengas la razón, la gente lo que ve es una muchacha del servicio diciéndoles cómo dirigir el país. Y qué pena que sea tan honesto, pero este es mi punto de vista. Y es más difícil cuando eres pendenciera y agresiva al hablar de tus adversarios políticos.

Al final del libro el narrador-autor-hijo se pregunta:

¿Cómo se explica que se haya metido contra la mafia impulsando la extradición, que se haya metido a criticar a los paramilitares cuando estaban en todo su furor y nadie los denunciaba, que se haya atrevido a meterse con el presidente más popular que ha tenido Colombia, así como también que haya criticado a las guerrillas con lo de los cultivos de hoja de coca? ¿Cómo explicar que apoyara el Chavismo a pesar de la persecución incesante de la clase política y medios de comunicación colombianos y norteamericanos, que defendiera un proceso de paz y se echara al 50% de los colombianos en contra? ¿Cómo se explica que desde hace más de 15 años se haya dado a la tarea de abogar por el aborto y los derechos de los homosexuales en un país católico, apostólico y romano, que se haya dejado tomar esa foto con las FARC a sabiendas de la publicidad negativa que esto traería? ¿O que, a pesar del desgaste, la publicidad negativa y los problemas legales que debió afrontar por las acusaciones de traición a la patria y terrorismo por parte del Gobierno de Uribe, haya seguido metida en la liberación de los secuestrados y ahora en el proceso de paz?

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