Literatura y pornografía

4 Jun

Desde 1979 soy una lectora voraz y mi voracidad hacía que cualquier objeto en forma de libro o de revista al alcance de mi mano fuera devorado sin espera. Un día, como quien no quiere la cosa, buscando secretos en la caja de juguetes de mi hermano mayor encontré una revista pornográfica denominada Chicas calurosas; eran unas fotos inocentes de jóvenes hermosas y sensuales con ropa deportiva que incluía sólo medias, zapatos, balacas y demás accesorios deportivos, nada de ropa ropa, sólo decorado. Al lado de cada fotografía había un texto sobre lo intenso del verano, sobre lo complejo que es escoger atuendos para ciertas temporadas. Revisé bien la revista y me gustó, eran bonitas las rubias y los textos estaban bien escritos.

Tiempo después supe que mis dos hermanos mayores escondían revistas prohibidas en sitios secretos y encontré dos o tres más con imágenes mucho más explícitas y fue ahí donde quedé enganchada. Al lado de los clásicos de la literatura y la filosofía también estaban los textos sobre sexualidad y pornografía y desde que tengo uso de razón mis días han estado acompañados de porno. Cuando no había internet alquilaba las películas como cualquier muchachito desocupado y vi varias con mis dos hermanos menores muertos de la risa. El menor cree que no fui una buena hermana mayor, más tratándose de una mujer que ejercía un rol de autoridad y de ejemplo, y yo no supe qué responder a ese reclamo. Ese niño que ahora tiene 34 no confía en mí, me mira con recelo y desconfianza, un día me dijo que la gente como yo no es digna de confianza porque lleva mucho tiempo viviendo sola para pensar y hacer barbaridades. Es un hombre niño muy inocente, puro y angelical.

Anoche vi una entrevista a Virginie Despentes, una conversación con Pablo Iglesias sobre poder, feminismo, arte y pornografía y lo más sorprendente fue la naturalidad con la que ambos hablan de pornografía, de su recorrido desde los ochenta y de cómo la pornografía en internet ha llegado a límites insospechados sin que haya discursos sobre el porno, sin que se aborde de forma académica. Estoy de acuerdo con ellos y me parece triste que las nuevas generaciones se estén educando con las imágenes que ven sin preparación previa, condenados a la velocidad y a la desmesura.

Yo, una experta en porno con una trayectoria larguísima porque siempre me ha interesado saber hasta dónde llegan los límites del cuerpo y de la imaginación, a veces quedo con la boca abierta ante lo que están haciendo, especialmente cuando se trata de ver los límites de resistencia de las mujeres. Lo más triste de todo es que las imágenes llegan a los niños y a los jóvenes sin preparación previa, sin haber pasado antes por la revista suave, luego la revista fuerte, luego el porno con historia, con humor, con palabras y situaciones que se vivía en los tiempos del VHS, duele saber que los inocentes internautas sospechen o asuman que esa es la mejor forma de educarse y hasta les dé por poner en práctica lo que ven.

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