La importancia de tener una biblioteca

4 Jun

Uno descubre que es lector en la infancia y cuando descubre los libros no los abandona nunca, se obsesiona con las bibliotecas, las librerías, la lectura, la escritura, el mundo de la ideas y el pensamiento profundo. Todo está absolutamente relacionado y quien piense lo contrario no es lector.

Cuando un lector descubre que lo es sus primeras lecturas son sobre su pasión y leyendo sobre la lectura descubre el mundo que gira alrededor de las bibliotecas y sufre pensando si vale la pena comprar libros o perderse en las bibliotecas públicas de archivo abierto para siempre.

Los grandes lectores del siglo XIX fueron los poetas malditos y como eran hombres apasionados que llevaban la emoción al límite odiaban las bibliotecas personales. Yo amaba a los poetas que morían jóvenes sin biblioteca y soñaba con ser un poco como ellos en sus hábitos de lectura. El gran odiador de las bibliotecas personales y el gran poeta fue Charles Baudelaire y yo adoraba a ese poeta. Gracias a él me entusiasmaba cuando encontraba nuevos artistas o intelectuales de biblioteca pública y quería ser como ellos, pero el tiempo pasa y las cosas cambian y empecé a comprar libros, a coleccionarlos, y sin planearlo terminé armando mi propia biblioteca; una pequeña biblioteca que me ha hecho olvidar un poco de la vieja pasión ante la biblioteca pública de archivo abierto, mi favorita.

¿Cómo se vive la vida con una biblioteca personal?

Por una parte está la pasión nueva: comprar libros. La pasión ya no es la biblioteca pública sino las librerías, todo un mundo por explorar. En las librerías hay libreros y uno habla con ellos y ellos lo enredan como cualquier vendedor para que vaya con frecuencia a antojarse de lo nuevo.

No hay nada más agradable que ir caminando, recordar un libro leído muchas veces y regalado las mismas veces y soñar con tenerlo de nuevo en la casa como un objeto consentido al lado de los demás. Ver como ocupa el espacio que le ha usurpado a otro libro.

No hay biblioteca sin silla de lector y la silla se convierte en un pedestal. Desde la silla se deben ver todos los libros como si fueran golosinas disponibles y entonces cambian las rutinas de lectura. Viendo libros exhibidos todo el tiempo disponibles como putas y cada uno al alcance de la mano se da uno el lujo de sentarse en la silla a mirarlos y a pensar en todo lo que se puede encontrar ahí y se estira la mano, se busca una página al azar, se lee un rato, se tira y se toma otro.

Una lectora suele ser amiga de un lector y los dos lectores suelen tener biblioteca personal. Nada más sexy que ver a un lector paseando los ojos por los libros de uno y ver como se los lleva para su casa para que se conozcan con otros libros y se vuelvan amigos y se cuenten historias porque si las paredes son testigos y las camas son confidentes es poco probable que se pueda confiar en los libros ordenados uno al lado del otro. No debemos olvidar que los libros fueron escritos por gente llena de misterios y esos misterios están encerrados en esos objetos perturbadores que nos ven vivir la vida.

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