Antonia

15 Ene

Nací enamorada de perros y gatos

Me fijé en esos seres fantásticos antes que en el sol, el cielo, los libros y la gente.

El gato me parecía el animal más bello del mundo

El perro me parecía el animal más bueno del mundo

Tenía perro y gato y mi corazón no podía entender si quería más al perro o al gato

Sospecho que quería más al gato pero llevo dos días pensando en mi perra Antonia

Cuando tenía siete años le daba besos y abrazos al gato, le tocaba las orejas, los cojines de las patas y la cola

Me gustaba mirarlo a los ojos y perderme en medio de tanta belleza

Disfrutaba viéndolo caminar, correr y bostezar

Y jugar con un gato, un gato jugando con un niño, sentir sus dientes y su lengua en las manos, verlo jugar con la bola de lana o con la pelota de rayas es algo que no se cambia por nada, el recuerdo más bonito que puede existir de toda la infancia junta.

El gran amor de mi vida durante la infancia fue mi gato negro, cuyo nombre no alcanzo a recordar; o tal vez no tenía nombre, simplemente se llamaba El gato, eso creo.

Cuando tenía gato ya leía El gato, el poema de Baudelaire

Y por amor a los gatos terminé enamorada de la poesía

Y nadie le ha cantado más y mejor a los gatos que Charles Baudelaire, claro, porque él también tenía gato cuando era niño y también era poeta como yo.

El gato es un animal con el que se goza la vida dentro de la casa y los perros que me gustaban eran sólo los perros de calle y sin amo, perros criollos de todos los colores y ahí, en una calle cualquiera, fue donde conocí a Antonia.

Cuando era niña ya caminaba consciente de mis pasos y me gustaba caminar buscando gatos en ventanas, tejados, jardines o tomando el sol en plena calle, gatos atrevidos e irrespetuosos, y me gustaba saludar a los perros con toques en la nuca y juegos típicos entre perros y humanos.

Algunos perros abandonados buscan amo y después de un rato de juego en un parque o en una calle asumen que esa amistad no es pasajera sino que se trata de algo para siempre y ese fue el caso de Antonia.

Un día iba caminando, me crucé con ella, la saludé con cariño, caminamos juntas un rato y luego descubrí que caminaba junto a mí como si fuera mi perra, le decía con cariño que se fuera, que no soy amiga de un perro en particular sino de todos en general y que no puedo ir adoptando perros porque no soy una loca y además tengo una vida y Antonia no entraba en razón, se obsesionó conmigo y se plantó en la entrada de la casa, me acompañaba a todas partes, me esperaba en cualquier lugar mientras salía y así terminó convenciéndome y fue mi perra durante uno o dos meses y después, como hice con otros gatos que me encontré por el camino, se los terminé entregando a mi mamá, que tiene más tiempo y no ama tanto a los animales como yo y por eso los puede cuidar mejor que yo porque mi amor incondicional a los animales está hecho de besos y abrazos y llega un momento en que llego a asfixiarlos y es mejor que se vayan con alguien que los vea como simples animales y les ponga la comida y el agua.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: