Archivo | julio, 2016

Sibarita, hedonista y egoísta

17 Jul

Te das a los placeres con facilidad. Nunca te sacrificas, eres sibarita, hedonista, egoísta y no amas el dinero.

Estefanía Uribe Wolff

He visto cara a cara a Tefa sólo una vez, pero hemos hablado por teléfono varias veces y hemos conversado en Twitter durante los últimos cuatro o cinco años. Hemos peleado como gatas, como novias, y también nos hemos querido con mayor o menor intensidad. Puedo decir con orgullo que es una de las personas que mejor me conoce sin haberme visto, sólo leyendo lo que escribo; es hábil e inteligente, sabe descifrarme, sabe llegar al fondo y a la esencia de mi ser y eso siempre será estimulante para alguien como yo porque no es fácil encontrar interlocutores como ella.

Tefa me describió, ahora yo voy a desarrollar punto por punto cada una de esas cualidades mías, cualidades de las que me siento orgullosa porque he trabajado en ellas con empeño y con amor  a lo largo de mi vida y gracias a ese empeño y a ese amor, que en realidad es autoamor, he saboreado con risa y con placer la suma de millones de momentos cuidadosamente planeados para que sean casi perfectos y estoy satisfecha con lo gozado hasta ahora, creo que lo he hecho bien. Soy digna de mí.

No es fácil vivir en estado de placer permanente durante cuarenta y seis años, para lograrlo se necesita cálculo, salud, buen estado de ánimo, predisposición innata, creatividad, suerte y mucha inteligencia.

Salud

Para disfrutar la vida a cabalidad es preciso tener excelente salud. Desde 1979 supe que había nacido para gozar y supe también que un cuerpo adolorido no puede disfrutar las glorias del placer. Uno de los placeres más sublimes de la vida consiste en comer y asociado al acto de comer está el hecho de gozar de buena salud. La salud depende del cuidado en la primera infancia, de los genes, la nutrición, el mantenimiento del cuerpo y, entonces, si quiero gozar cada momento con intensidad debo cuidar cada uno de los sistemas que sumados se constituyen en mi cuerpo y el gran sistema, el sistema mayor, el sistema por excelencia, es el digestivo: el alimento se convierte en sangre, energía y huesos; un cuerpo sano se acompaña siempre de buen estado de ánimo  y espíritu festivo y con sangre, energía y huesos resistentes puedo correr, saltar, brincar, gritar, retorcerme de risa y de placer.

Los órganos involucrados en el acto de comer (labios, dientes, lengua…) sirven para disfrutar de este placer sublime, pero también sirven para sonreír, para hablar y para besar y esos placeres precisan de no ser descuidados, no se debe desperdiciar nada.

Desde la infancia he consagrado la vida a darme placer a través de la cavidad bucal y como sé que me encanta comer con voracidad, pero no quiero subir de peso -porque es insano y antiestético- cuando sé que hay un banquete y no quiero desperdiciar nada, dos o tres días antes del festín tomo jugos de frutas y mucho té para poder devorar como una bestia y a cabalidad. Me gusta sorprender a mis familares y amigos con mi apetito voraz y al lado de mi apetito voraz hay siempre otros placeres: hablar, hacer bromas y reír.

No como con cualquier persona, sólo como con las personas que son de mi total agrado porque sé que comer es un acto sagrado, una liturgia. El centro y motor de nuestra vida no es el cerebro sino el estómago, centro sensible de nuestras más finas emociones. Soy celosa y selectiva, no como con cualquiera, no se ilusione conmigo.

Dinero

La plata no me gusta, no me interesan los lujos, los viajes, los lugares exóticos ni la apariencia, no necesito casi nada para vivir. Aprendí a despreciar el dinero, la apariencia y los bienes materiales viviendo  y viendo vivir a los demás en función del dinero, los bienes materiales y la apariencia; viéndolos vivir decidí que no quiero ser como ellos, no quiero desear lo que ellos desean, no quiero gozar lo que ellos gozan, no me interesa. El hecho de no amar el dinero me convierte en una persona libre porque no vivo pensando en lo que tiene el otro y no tengo yo. En esa dirección no apunta mi deseo. El bien más preciado a lo largo de mi vida tiene que ver con el disfrute del tiempo libre. Para vivir no necesito plata, necesito tiempo para dormir, caminar, descansar, leer, mirar por la ventana. Me seduce la idea de ir caminando por ahí como un perro de nadie, un gato de nadie, una persona que no es mirada sino a la que le gusta mirar.

Amor

El placer lo descubrí en la infancia, uno de los recuerdos más antiguos de mi vida es que bañaban al bebé y lo ponían desnudo en la cama sobre unas sábanas recién lavadas y entonces la dulce Elsy se quedaba dormida sobre esas sábanas. No recuerdo cuando me despertaba sino cuando me quedaba dormida, supongo que eso sólo pasó una vez en la vida pero a mi cerebro y a mi cuerpo le gustó la sensación y guardó el recuerdo con celo para que a partir de ahí construyera el edificio de mi vida y a partir de ahí lo construí. Ese es mi gran recuerdo de infancia, creo que nací para gozar. Tal vez por eso me encanta lavar a mano, ver ropa recién lavada y el acto de planchar, me encanta lavar y planchar sábanas. Ese es  mi fetiche. Las sábanas me hacen pensar en descanso y en sueño pero también me hacen pensar en sexo y en amor y a esos placeres he consagrado mi vida desde 1989. Pero no soy una puta promiscua, es algo mucho más sofisticado: encuentro a un hombre admirable digno de darle todo mi amor y mi placer, gozo con él del tiempo libre, las comidas, las caminatas, la conversación y la risa durante muchos años, hasta que los dos quedamos saciados y satisfechos con tanto placer y tanto amor y nos despedimos al final con una franca sonrisa de satisfacción y de gratitud.

El mundo es su habitación

15 Jul

La casa tiene una extraordinaria importancia en su poesía. No sólo como fuente de un léxico muy particular y como elemento referencial último de muchos de sus poemas y cartas, sino como el ámbito finito, cerrado, seguro y concreto en el que tienen lugar los hallazgos y los experimentos del yo poético. Para ella, la casa era el microcosmos por excelencia, el mundo en el que todo cabía. Poseía también un valor espacial, teatral y dramático.

A veces el ámbito se limitaba de tal manera que el espacio doméstico se circunscribe simplemente a su propia habitación, convirtiéndose ésta en una especie de escenario imaginario del poema, de pretexto arquitectónico de la sintaxis del mismo. La relación del yo con el espacio circundante, y la relación entre lo interior y lo exterior, como categorías fundamentales en su fenomenología poética, van a estar siempre presentes en sus poemas. En efecto, para Emily Dickinson el mundo es su habitación.

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Una nueva ilusión. Cambio de casa

11 Jul

Vivo en esta casa desde hace once años y creo que ya es hora de cambiar.

En la anterior viví treinta y cuatro años y mi sueño era morir en esa casa, como Flaubert, pero no pude porque en mi casa, en la que vivía sola desde cuando tenía diecinueve años, me dijeron que aunque esa era mi casa y podía vivir ahí porque era mía, porque mi papi había decidido dejarme viviendo sola ahí en esa casa inmensa, tenía que darme el gusto y concederme el privilegio de comprar mi propia casa y entonces la compré y me hice una con la casa y ahora quiero vivir en un sitio diferente a este porque ahora no quiero una casa que me obligaron a comprar para obligarme a sentirme adulta, quiero una casa para escribir, una casa organizada para una persona como yo. Todo un plan perfecto.

No quiero casa sino apartaestudio. Un cajón de veinte o treinta metros en el que habrá muy pocas cosas, como en esta casa desde la que escribo. Esta casa parece una casa vacía, no es grande pero sobra mucho espacio. Allá habrá muchas menos cosas y mucho menos espacio vacío, es para concentrar mejor el calor y el pensamiento. No necesito casi nada para vivir: ropa, libros, películas, un televisor y un computador, una cama, un armario para guardar la ropa, una silla cómoda para leer, una nevera, ventanas a través de las cuales entre directamente la luz y vecinos que estén dispuestos a que nunca serán saludados por mí aunque yo sea la persona más amable y lo revele a través de mi forma de caminar. No saludo a los vecinos, no quiero, no me gusta, no soporto saludar a los vecinos.

La gran novedad será que por primera vez en la vida compraré una lavadora. Mi primera lavadora a los cuarenta y seis años. No creo que encuentre un apartaestudio con lavadero, ya estoy resignada, nada que hacer.

La otra gran novedad es que quiero llegar al trabajo caminando. Compraré un sitio acogedor para vivir y para leer y escribir. Esa es la nueva ilusión.

Elsy Rosas Crespo. Manifiesto de la vida de un artista

11 Jul

La conducta del artista en su vida

Un artista debe mentirse a sí mismo y a otros, puesto que la literatura está hecha de mentiras.
Un artista debe robar ideas a otros artista, a muchos artistas, hasta que la suma de todos esos robos pasen por ser Una Idea Muy Original.
Un artista debe hacer concesiones consigo mismo y no debe aspirar a formar parte del  mercado del arte porque en el mercado del arte no hay artistas sino mercaderes.
Un artista no debe matar a otro ser humano. Esa idea no debe pasar ni siquiera por la mente del artista. Si lo amenazan de muerte debe esperar el golpe certero del colombiano asesino, pero jamás debe aspirar a matar o a pedirle a sus seres queridos que venguen su muerte o esclarezcan los hechos. No vale la pena porque ni la venganza ni el nombre de la mano asesina del colombiano mediocre le concederán de nuevo la vida al artista asesinado.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo  y no debe convertirse en ídolo de otro ser humano. La idolatría es un acto vil.

La relación del artista con su vida amorosa

Un artista debe enamorarse de otro artista, beber con él, besarlo y abrazarlo apasionadamente. Hacer de cada conversación con ese artista una Gran Obra de Arte para ser recordada cuando cada uno se halla embelesado en la creación de su propia obra.

La relación del artista con lo erótico
 
Un artista debe desarrollar un punto de vista erótico en relación al mundo.
Un artista debe ser erótico.
Un artista tiene que estar enamorado del sexo y si es mujer no debe ser lesbiana, tiene que estar enamorada de los hombres, sólo de los hombres y de sus maravillosos cuerpos.

La relación del artista con el sufrimiento

Un artista no debe sufrir. El sufrimiento es para los menos inteligentes y para los menos evolucionados.
Del sufrimiento surge el peor trabajo.
El sufrimiento embrutece.
A través del sufrimiento el artista pierde su espíritu.

La relación del artista con la depresión

Un artista no debe ni puede estar deprimido. Debe alejarse de la gente deprimida.
La depresión es una enfermedad y debe ser curada.
La depresión es un error de la naturaleza.

La relación del artista con la inspiración

Un artista debe mirar profundamente dentro de sí mismo en busca de inspiración. Un artista debe mirar profundamente dentro de otros seres humanos, debe mirar con atención el comportamiento de los animales -especialmente de perros y gatos- y no debe tener mascota en su casa porque se pierde con completo la belleza del animal, se pierde el encanto y el misterio de su gracia, inteligencia y belleza, se vuelve monótona y tediosa; debe buscar sólo encuentros fortuitos con perros de nadie, con gatos de nadie, y de ahí la importancia del acto de caminar en la vida del artista. El artista Tiene que caminar durante por lo menos una hora cada día porque caminando es como las ideas fluyen por la mente de forma más generosa; debe caminar solo y acompañado, siempre por el mismo camino y ocasionalmente por caminos nuevos, para verlo todo nuevo. Debe buscar caminos llenos de rosales y de jardines donde abunden todo tipo de flores. Nada más inspirador que ver flores en sus jardines, ver como florecen y mueren las rosas en sus rosales. Debe ir concentrado mirando rosales cuando de pronto se encuentra con la mirada fascinante de un perro de nadie, de un gato de nadie. Esa experiencia es un acto revelador en la vida del artista.

La relación del artista con el autocontrol

Un artista no debe tener autocontrol de su propia vida.
Un artista no debe tener autocontrol de su obra.

La relación del artista con el silencio

Un artista debe comprender el silencio.
Un artista debe crear el espacio para que el silencio entre a su obra.
El silencio es como una isla en medio de un océano turbulento.

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La relación de un artista con la soledad

Un artista debe hacerse de tiempo para largos períodos de soledad.
La soledad es extremadamente importante.

La conducta de un artista en relación al trabajo

Un artista debe escribir todos los días.
Un artista no debe tomarse su agenda de trabajo, tal como lo hace un empleado bancario.
Un artista debe explorar la vida y el trabajo sólo cuando una idea venga durante el día como una visión que surge como una sorpresa.
Un artista debe repetirse a sí mismo.
Un artista debe sobreproducir.

La lista de amigos de un artista

Un artista debe tener sólo dos o tres amigos.

Diferentes escenarios de muerte

Un artista debe ser consciente de su propia mortalidad.
Para un artista no sólo es importante cómo vive su vida, sino también cómo muere.
Un artista debe observar los símbolos en su trabajo como señales de diferentes escenarios de muerte.

Diferentes escenarios de un funeral

Un artista debe dejar instrucciones antes de su funeral para que todo se haga según su voluntad.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.

Ser grande y caminar tranquila por ahí

11 Jul

Desde 1979 he recibido los mejores elogios sobre mi talento, estilo, contundencia y sensibilidad. Estoy acostumbrada

Desde 1979 me han dicho que nací para ser grande.

Desde 1979 me han hecho las propuestas más sorprendentes para que me convierta en una estrella y a todos esos ofrecimientos he dicho siempre no sin pensarlo dos veces, sin sentarme a pensar si quiero ser grande o si ya lo soy. Siempre llego a la misma conclusión: soy grande porque no soy como ellos, porque no aspiro a lo que aspiran ellos y porque los confundidos y equivocados son siempre ellos, no yo. Yo soy las reina y ellos son los esclavos. Ellos se esfuerzan por ser grandes y reconocidos, yo no necesito esforzarme para demostrarle a nadie que soy grande porque sé que todos están convencidos de que lo soy, especialmente yo, lo reconocí desde 1979, y ese mismo año decidí que no nací para demostrar que soy grande sino simplemente para serlo y eso es lo que soy.

Soy tan inteligente y analítica que desde 1979 supe que tiene más sentido descansar, dormir, caminar tranquila por ahí, vestida de cualquier forma y mirando objetos, animales, personas, situaciones cotidianas con tranquilidad, sin pensar que quien va caminando por ahí es una gran intelectual, una erudita, una lectora, un ser profundo y sensible, una figura pública, una estrella, una gran mujer. Nunca soñé con ser  vista con reverencia porque por sobre todas las cosas lo que más disfruto es pasar desapercibida, ser tratada como una persona común para poder observar las situaciones sin que estén manchadas por el peso de mi presencia o mi autoridad. Para mí eso es todo un privilegio y he cumplido con el rol que me impuse desde 1979 a cabalidad: no quiero ser como ellos porque ellos son despreciables, lo que me interesa es ser una persona común y fijarme sólo en la gente común.

Soy consciente de mi propia bondad

11 Jul

No se nace bueno, la bondad es una construcción mental.

Es más sensato reír que llorar

Y dormir que conceder entrevistas, presentar libros, ir a congresos de literatura…

Es más reconfortante construirse a partir de la bondad y la sencillez

Es más reconfortante que construirse a partir de la maldad y el engreimiento.

Decidí ser buena gente porque estoy cerca de la santidad, lo natural, la autenticidad y muy lejos de la codicia y  la vanidad.

Ser buena gente me produce placer y me he construido para disfrutar la vida a partir de mi propio placer.

Pero hablo con muy pocas personas: dos o tres.

Decidí hacerlo porque la mayoría de las conversaciones son conversaciones estúpidas y el hecho de que sea un ser rebosante de bondad no me quita que también sea de gusto exquisito y no soporte las conversaciones insulsas. Mi bondad es real, no es una simple pose para ganar amigos o sentirme querida. No es un espectáculo para los demás sino para mí misma. Me gusta tener dos o tres amigos y un amor, me gusta que esas tres o cuatro personas y ese amor gocen del privilegio de ser amigos míos, me gusta entregarles toda la naturaleza de mi ser, me gusta que se sientan amados por alguien como yo: un ser auténtico y rebosante, una energía superior que se desborda sólo cuando estoy con esas personas a las que he elegido para darles todo mi cariño y toda mi bondad.

No leo para aprender sino para obtener alguna forma de placer

8 Jul

No quiero educarme, hablar otros idiomas o saber la historia de la humanidad. Antes leía ensayos, libros de historia, biografías políticas para saber quién gobernó de tal año a tal año, qué ideas políticas prevalecieron, quién ganó y quién perdió la lucha perpetua por la gloria y el poder. Ahora nada de eso me interesa. No leo para aprender sino para obtener alguna forma de placer o goce. Por eso suelo leer novelas que cuentan la vida de gente ordinaria como yo. Nunca intento seguir leyendo cuando se me entrecierran los ojos. No hay placer superior que el de evadirse de la realidad, no ya leyendo sino durmiendo y esperando con curiosidad las historias que viviré en mis sueños, en las que suelo ser un hombre seductor, aventurero, valiente, emprendedor, todo lo contrario de lo que soy en la vida misma.

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Una concepción agradable de la literatura

4 Jul

Si alguien escribe un buen poema o, cada cincuenta años algunos buenos poemas,  eso tiene un sentido, o si se escribe alguna novela, quizá. Pero cuando hay veinte mil novelas al año y cinco millones de poemas, no se comprende qué sentido tiene eso. Para los fabricantes de papel sí, porque con los rollos de papel higiénico no les basta, de manera que hay que imprimir libros también. Esa sería una concepción agradable de la literatura: se desgarra, se lee y se tira de inmediato. Lo terrible es que, luego, la gente coloca los libros en las paredes y se quedan allí decenas de años sin hacer más que oler mal.

Thomas Bernhard

El estilo excitado de Thomas Bernhard

3 Jul

Son personas completamente naturales, a las que he conocido muy bien y, en ese sentido, no tienen nada de ficticias.

Los años cincuenta. Ahora estamos en los ochenta, a treinta años de distancia, y se puede meter a amigos de entonces entre las tapas de un libro.

Son notas con las que quiero fijar lo que entonces pasaba y lo que pasa hoy. No ataco absolutamente a nadie. Si algo o alguien se siente afectado es cosa suya, o de todo un país, o cultura, o qué se yo, de un ministro, o gente poderosa,  o personas particulares a las que, quizá, se asusta así.

No ataco, sólo escribo. No es un ataque, es un libro escrito, no atacante. Yo escribo a máquina y no con artillería.

Eso es problema de la gente que aparece en el libro, si lo siente como una pieza de artillería y siente mis palabras como balas.

Habría que preguntarse si son personalidades, creo que hay cuarenta mil escritores en Austria, y dudo mucho (se ríe)  de que haya cuarenta mil personalidades.

Yo no desprecio nada, se desprecia por sí mismo al tomar ese curso, político o cultural, ese camino desciende siempre, es como un alud o una bola de nieve, la bola de nieve de la estupidez. Si se arroja arriba una bola así de pequeña, llega abajo gigantesca y destruye toda Viena. Quizá sea mayor que Viena.

Toda persona que escribe tiene que ser, en sí y de por sí, pretenciosa, porque si no, no podría hacerlo. Un timorato o alguien que se deje convencer no podrá escribir ningún libro, como no sea un libro lamentable.

El estilo del libro es también un tanto excitado, musicalmente hablando; por razón del contenido no se escribe algo así con tranquilidad sino en un estado de cierta excitación. No se puede escribir eso con tranquilidad sino en estado de cierta excitación. No se puede escribir eso con tranquilidad, como una prosa clásica, sino que, en cuanto se sienta uno, se siente ya excitado por la idea y, cuando empieza a escribir, el estilo lo excita ya a uno. Está escrito en un estilo excitado.

Una excitación se acelera cada vez más hasta su fin. Y la verdad es que termina con una excitación total por la ciudad de Viena, con un abrazo y aniquilación simultáneos, con Viena como un dogal al cuello y con Viena, tú eres la única, la mejor y, al mismo tiempo, la más horrible y horrorosa de las ciudades.

Un libro sólo existe también a partir de sus contradicciones. Si es unidireccional no vale nada, como tampoco si no es una excitación.

Se inyecta un poco de veneno en ellas y todo se inflama, y entonces surge un estilo excitado. Aparecen personas que, al verlas, lo vuelven a uno loco, y entonces se las mete en un libro así, precisamente en un estado de excitación.

Aunque escriba algo tranquilo, estoy en definitiva excitado. La excitación es un estado agradable, hace circular la sangre estancada, palpita, aviva y entonces hace libros. Sin excitación no hay nada, lo mismo da que se quede uno en la cama. En la cama (se ríe) es una diversión excitarse, ¿no?, y en un libro ocurre lo mismo. Escribir un libro es también una especie de acto sexual, mucho más cómodo que antes, cuando, naturalmente, se hacían esas cosas; mucho más agradable que irse a la cama con alguien.

Al escribir, presento personas sin que… no quiero herir a nadie, ¿quién querría herir a alguien, no?  Se describen hechos, se consignan recuerdos y, si eso hiere a alguien, no es asunto mío. En mi caso se trata de un proceso literario, lo que se llama artístico.

Yo soy el más afectado. Por eso, ¿por qué habría de inquietarme que otros pequeños personajes se sientan afectados? Además, es algo que no sé. No estaba presente cuando leyeron el libro. Aunque soy curioso y me hubiera gustado estar presente cuando lo leyeron. Sería también un estudio, se podría escribir otro libro sobre un lector que lee mi libro y cómo se comporta al leerlo. Pero no puedo estar en todos los lugares donde esa gente está ahora, posiblemente leyendo el libro.

Yo concedo todo a todo el mundo. Cada uno puede hacer lo que quiera, no quiero coartar a nadie, nadie se deja y tampoco se puede coartar a nadie. Cada uno puede decir, escribir o hacer lo que quiera, es un mundo totalmente libre.

Cuando se permanece en lo mismo, naturalmente se hace cada vez más fuerte y debe ser cada vez mejor y, si se escribe prosa, empieza a ser mejor a partir de los cuarenta, y probablemente hasta los sesenta, si se vive tanto;  se vuelve cada vez mejor. Yo tengo sólo cincuenta y dos; si vivo aún dieciocho años, si es que los vivo, será la fuerza cada vez mejor.

Voy entrando lentamente a la maldad de la vejez. Eso es también un atractivo de mis libros, que sin duda serán cada vez más malvados. Espero vivir todavía algunos episodios. Quedan episodios todavía más importantes, que podría describir y que quiero describir.

Como soy curioso y malvado, y, en el fondo, un trampero, sólo puedo aspirar a ser lo más viejo posible. Pero eso no plantea ninguna dificultad, porque si se hace lo mismo durante treinta años, se vuelve uno siempre mejor.

No hay nadie en el mundo que pueda destruirlo todo, ni nadie que quiera destruirlo todo, porque él mismo sería destruido, pero necesariamente, cuando se escribe algo,  hay mucho de destrucción en ello. Pero destruirlo todo es absurdo, nunca lo he hecho. En mi caso aparecen siempre personas que son grandiosas y luego las otras. Y, como todo el mundo sabe por su propia experiencia, hay más personas horribles que grandiosas. Es decir, grandiosas hay muy pocas, pero hay una multitud de soportables, e insoportables un ochenta por ciento.  Y como un escritor es alguien que describe cosas auténticas, escribe las cosas tal como las ve.

Esa clase de escribiduría a la que usted se refiere, creación o como se llame, tiene poco que ver con la realidad y carece de todo valor. Eso se ve en cuanto se abren los libros. Se escriben casi exclusivamente cosas sin valor, por personas que están en alguna vivienda  de protección oficial, tienen una pensión y allá están con sus pantuflas, y tienen sus ficheros y hacen libros como cosen las costureras.

Siempre he sido una persona libre, no tengo ninguna pensión y escribo mis libros de una forma totalmente natural, de acuerdo con el curso de mi vida, que le aseguro es distinto del curso de la vida de todas esas personas. Sólo quien es de veras independiente puede realmente, en el fondo, escribir bien. Porque cuando uno depende de lo que sea, se nota en cada una de sus frases. La dependencia paraliza cada frase que se escribe. Por eso no hay más que frases paralíticas, libros paralíticos, sencillamente porque la gente es dependiente: una esposa, una familia, tres hijos, el divorcio, un Estado, una empresa, un seguro, el jefe. Ya pueden escribir lo que quieran, la dependencia se nota siempre, y por eso es malo, está paralizado, paralítico.

Hay que escupir sobre lo que posee la gente para que desaparezca

3 Jul

La gente que, naturalmente, está establecida y tiene su puesto asegurado, y que tiene casas y trajes graciosos y bonitos -lo que puede ser muy bonito- tiene siempre miedo de las revoluciones, mientras que los que no tienen nada y andan desnudos por ahí no tienen por qué sentir miedo, para ellos es, en cualquier caso, un momento de exaltación el que arda la casa del amo. Eso está bien, pero todo el que tiene algo, aunque sólo sea un pan con mantequilla, quiere poder zampárselo tranquilo. Si su vecino, que no tiene nada, se lo quita de un manotazo o le escupe encima, resulta desagradable y repugnante. Cuando yo iba al colegio -siempre llevaba un almuerzo, un pan- había uno que venía siempre en el recreo y me decía: “¿Me das tu pan?”, y lo decía echando tanta saliva que siempre le daba enseguida el pan. Realmente era un buen método ¿no? Tendrían que aprenderlo los revolucionarios: hay que escupir sobre lo que posee la gente para que desaparezca. Burlarse no basta, hay que escupir encima.

Thomas Bernhard