Archivo | abril, 2016

Las ventajas de no tener hijos

5 Abr

Cuando tenía nueve años decía en tono grave que nunca me casaría ni tendría hijos y los adultos lloraban de la risa porque pensaban que era una broma y les parecía increíble que una niña sin vida fuera tan seria y pronunciara frases de adulto.

El tiempo pasó, yo cumplí y ahora me les río en la cara a ellos porque no era una niña estúpida, estaba hablando muy en serio y ahora ellos se tienen que tragar sus carcajadas.

Aunque sea un hijo, decían. ¿un hijo? ¿para qué un hijo?

Viva con una amiga. ¿con una amiga? De irme a vivir con alguien me voy a vivir con un hombre, no soy lesbiana. Y entonces viví con Andrés durante tres años.

Decía yo cuando era niña: un hijo no porque tienes que hacerte cargo de él hasta cuando  uno de los dos muera, sin contar con que tienes que cargar también con el padre del niño. Si no tienes hijos te deshaces de una vez y para siempre de tus viejos amores y eso sí que es un verdadero alivio porque es horrible cargar con el peso del pasado.

Estando a punto de cumplir 46 años creo que la gran ventaja de no tener hijos es que la juventud se alarga de forma sorprendente, eres el joven eterno porque tu tiempo libre es sólo tuyo, no tienes que correr a hacer lo que hacen las mujeres que son madres con niños pequeños, con jóvenes estudiantes, con viejos fracasados, porque hasta donde entiendo una madre es madre hasta cuando muere. La madre eterna ama a sus hijos con locura porque no tiene más alternativa, porque una madre está programada para amar a sus hijos hasta el último día.

Otra gran ventaja es que no tienes que compartir tu sueldo con tus hijos. Los bebés crecen y se convierten en adultos y ningún adulto goza tanto al lado de su madre como al lado de su novia, su esposa, su amante o sus hijos. Es más práctico ser hija que madre y tía que abuela.

Así lo veo yo.

Realidad real

4 Abr

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Es un poco como ser profesor

3 Abr

Juan: los grandes comediantes son personajes trágicos por supuesto.

Yo: Woody Allen y Groucho Marx son los mejores.

Juan: me gusta Lenny Bruce, aquí lo representa el actor Dustin Hoffman

Yo: vea esta conversación

Juan: está muy bueno, tengo el mismo gusto sexual de Woody Allen, preferiblemente que sea una mujer negra. Este señor es un campeón:

Yo: mi desgracia es que no me gustan los monólogos, prefiero las entrevistas.

Juan: dele la oportunidad a este, es muy bueno.

Yo: bueno. Lo voy a oír hasta el final.

Yo: sí, es cierto, tiene razón, este viejo despiadado es muy chistoso.

Juan: ese del suicidio es genial, mire el de los niños por favor:

Yo:  eso es un poco como ser profesor. Por eso me gusta tanto mi trabajo.

Juan: así es, que belleza un profesor así, que hable con esa gracia y sea un realista, que no engañe.

Yo: sí.

Juan: del del suicidio me dio mucha risa dizque “el miércoles no me suicidio, debo llevar a Timmy al circo…”.

Yo: sí es bueno. ¿En Colombia hay gente que haga algo parecido?

Juan: no. Los buenos comediantes son cultos y se fundamentan en la crítica al poder, lo establecido, lo políticamente correcto.

Yo: y en Colombia eso es muy escaso.

Juan: para mí usted es una muy buena humorista tuitera.

Yo: para mí usted es la mejor compañía los miércoles y los jueves. Este es un buen año.

Juan: sí, hablamos sabroso.

Yo: sí.

El porvenir se alza ante mí

3 Abr

Este ha sido un año diferente a todos los demás en los últimos diez años. He deseado volar, me ha perseguido el afán de santidad, quiero escribir crítica positiva, quiero hacer reír sin herir, he devenido en conquistadora y me he entregado complemente al amor de un hombre al que no conozco ni veré jamás pero que sabe cómo calentarme los ojos y los oídos con dibujos, fotografías, canciones, llamadas de cinco horas, citas fallidas, tonos de voz cambiantes, ausencias abruptas, apariciones apoteósicas, chistes buenísimos, historias asombrosas y libros sorprendentes, tengo un pretendiente 22 años menor que yo y a veces pienso que debería darle el sí porque nunca ningún hombre en la vida me ha adorado y deseado tanto como él sin haberme visto (me lo dijo todo en una conversación de tres horas esta semana, un récord absoluto el de este joven encantador y muy apasionado). Toda su admiración nace de una idea que ha armado de mí leyendo lo que escribo aquí y en mi cuenta de Twitter. No es la primera vez que pasa, estoy acostumbrada a ese tipo de reacciones y lo más seguro es que cuando me vea y descubra que soy un simple ser humano, una señora que camina por ahí mirando culos como todos los demás, el ídolo hecho de palabras se derretirá ante su presencia por aquello de que si te gustó el libro no conozcas al autor y porque la escritura siempre será superior y mucho más poderosa que la persona que se sienta frente al teclado y ve como las palabras se van poniendo una al lado de la otra sin pasión y con mucha seriedad y, además, porque la señora que escribe no habla como la señora que se sienta frente al teclado porque soy una persona común que casi siempre anda muerta de la risa con lo que oye y con lo que ve. Soy una persona común pero él quiere verme convertida en su maestra, quiere erudición, quiere ver como mi cerebro se manifiesta a través de mis ojos y mi boca pero también quiere mucho sexo y cree que yo sería la persona más indicada para hacer realidad sus sueños… Pero hay algo mucho más poderoso que parece estar tomando forma en lo más interno de mi ser interior: el deseo de escribir crítica literaria con la misma rigurosidad de hace quince años pero en otro tono, una especie de crítica literaria artística. Mi alma me dice que me consagre a la lectura de forma seria, mucho más seria que en los últimos diez años.

También quiero pelear con la autora de este libro:

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Definitivamente este es un año diferente a todos los demás en los últimos diez años.