En el mundo de la fantasía

9 Mar

María de Jesús de Ágreda O.I.C. no disfrutaba mucho cuando se bilocaba, Emily Dickinson no era comprendida cuando contaba que hablaba con las abejas (sus vecinos pensaban que estaba un poco loquita debido a tanto encierro), pocas personas pueden creer que Marguerite Duras podía llorar mientras veía morir a una mosca lentamente. Estas experiencias parecen absurdas pero a mí me gustan. Llevo tres años tratando de capturar un hada y trato de imaginarme cómo será estar en bata todo el día en la casa escribiendo y -en el mismo instante- en el salón de clase anotando algo en el tablero. El problema es que las grandes ideas se me ocurren cuando no estoy frente al teclado y entonces siento que estoy perdiendo grandes oportunidades. Lo justo sería estar siempre en la casa, con la posibilidad de estar simultáneamente en otro sitio. Hermoso sería poder vivir siempre dos vidas. Una vida siempre frente al teclado y la otra como cualquier otra vida, la vida de una persona común.

He podido llegar a experimentar el éxtasis místico, casi como si fuera una buena monja encerrada en su celda, lo vivo la mayoría de las veces durante el día pero es mucho más intenso antes de dormirme, experimento ráfagas de placer imposibles de describir con palabras, tendría que convertirme en la versión femenina de San Juan de la Cruz. No pienso en el Todopoderoso, pienso en el hombre misterioso.

Ayer estuve pensando en éxtasis místico y en la fusión entre amor, erotismo y búsqueda del Absoluto, repasé los mejores poemas místicos y los más ardientes poemas amorosos y eróticos, leí las profecías de Baba Vanga, el horóscopo de marzo y estuve pensando un buen rato en íncubos y en súcubos y no sé si esa mezcla explosiva de lecturas, pensamientos y sensaciones me llevaron a vivir la experiencia que viví anoche después de la sesión de éxtasis, si estuve en el mundo de la fantasía.

Después de la sensación de plenitud total me dormí pero en medio del sueño sentía que alguien dormía a mi lado, después sentía la presencia de seres inquietos y juguetones que no me dejaban dormir en paz, no pensaba en ellos sino en que tenía que levantarme a las 5:30, lo único que quería era dormir, no se me antojaba jugar. En medio de la experiencia mágica discutía con esos seres pequeños como si yo fuera mucho más grande de estatura pero con una mente igual de infantil  y entonces me molesté mucho y los amenacé con Dios, les dije: ¡No me molesten más porque tengo que madrugar, si siguen fastidiando lo invoco para que los espante! Y entonces me levanté como una gigante y le pedí a Dios que espantara a esos seres pequeños porque me gusta mucho dormir y no me quedaba mucho tiempo porque precisamente hoy es cuando tengo clase de siete. Dije las palabras mágicas y nadie más me perturbó el sueño, dormí profundamente hasta las 5:31.

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