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La voz

31 Ene

Y tras ese momento, igual que los profetas,
Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;
Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas
Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.
Más la voz me consuela, diciendo: «Son más bellos
los sueños de los locos que los del hombre sabio».

Charles Baudelaire

El Heautontimoroumenos

31 Ene

 

Sin cólera te golpearé

y sin rencor, tal matarife,

como en la roca Moisés.

Y haré brotar de tus párpados,

para regar mi Sahara,

las aguas del sufrimiento.

Mi deseo hecho de esperanza,

flotará sobre tus lágrimas,

como navío que apareja,

y en mi ebrio corazón

redoblarán tus sollozos

como tambor en la lid.

¿No soy acaso un falso acorde

en la divina sinfonía,

porque me muerde y me sacude

esta Ironía devorante?

Su grito se escucha en mi voz,

mi sangre es su negro veneno,

y soy el espejo siniestro

donde esa furia se contempla.

Yo soy la herida y el cuchillo,

la mejilla y el bofetón.

Yo soy los miembros y la rueda,

y la victima y el verdugo.

Soy el vampiro de mi sangre,

-uno de esos abandonados,

condenados a risa eterna

cuya sonrisa es imposible.

Charles Baudelaire

Las joyas

31 Ene

Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
Sólo había conservado las sonoras alhajas
Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor
Que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón
Ese mundo radiante de pedrería y metal
Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
Las Cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,
Sonriendo de dicha desde el alto diván
A mi pasión profunda y lenta como el mar
Que ascendía hasta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas
Y el candor añadido a la lubricidad
Nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
Pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
Pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,

Avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal
Para turbar la paz en que mi alma estaba
Y para separarla del peñón de cristal
Donde se había instalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-Tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
Las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!

-Y habiéndose la lámpara resignado a morir
Como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
Cada vez que exhalaba un destello flamígero
Inundaba de sangre su piel color del ámbar.

Charles Baudelaire