Archivo | diciembre, 2015

2015: el año de los grandes cambios

16 Dic

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El piropo del año

16 Dic

Desde que nací he leído bellas composiciones escritas por personas (casi siempre hombres) que me declaran su admiración desmedida, nada disimulada. En el año que termina -el tormentoso 2015- recibí piropos de todos los colores y este fue el que más me gustó. Espero que les guste tanto como a mí:

… Ayer cuando le dije que disfrutaba la forma como entraba al baile con las manos por delante quitando máscaras, pensaba en una mujer que en estrépito interrumpe cualquier baile veneciano, o mejor, que entraba gritando al set de grabación de Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick gritando

“¡¡¿¿Qué es esta maricada??!!”

Entonces pensé en esa chispa que hemos perdido, entonces pensé en cómo la falta de arrojo se remplaza por los moldes que elegimos, pretendiendo salir positivos luego de ser vaciados. Y todo se vuelve una pose de adolescentes refinados. Entonces aparecen los niños y las niñas genio que necesitan aplauso y que corren frenéticos a él; entonces aparecen los vergonzantes que lastimeros hacen de la miseria de los pobres su bandera y su experiencia de orden superior. Entonces aparecen todos los perros de mercado de pueblo viejo queriendo un pedazo del gomelo del que nadie sabía que era menos que nadie.

Pensaba en usted, y deseé volver a clase, porque sacar a pasear las palabras sin llevar tras de sí las cosas se ha vuelto un trámite fácil en la fragilidad de gente fragmentada que escribe en retazos. Entonces pensé en usted, con la máscara corrida y envuelta en un tufo de anís, riendo mientras todos se le quedan viendo sin saber qué hacer, sin saber que es precisamente ese no saber lo que los hizo del montón.

Las fotografías que no has visto

12 Dic

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Carolina Sanín por ella misma

12 Dic

En la revista Shock (una revista de farándula o juvenil, supongo) entrevistaron a Carolina Sanín y ella se autodefinió. Es asombroso, no es una broma, ella se siente inteligente,  rebelde, despierta, sin pelos en la lengua, contestataria, libre, valiente… En Facebook, donde se ha convertido en una Institución porque insulta a la gente que no está de acuerdo con sus brillanteces. Su fama se debe a que es una especie de Doña Gloria con doctorado. ¿Para reír o para llorar? ¿Sigue convencida de que es la versión femenina de Fernando Vallejo? Lo más asombroso de todo es que hay gente convencida de su inteligencia y su estilo. ¿A dónde hemos llegado? El subrayado es mío.

Veamos:

¿Por qué crees que la gente salta a criticar en Internet cada crítica que publicas? Como la de tu columna sobre Bogotá, o ahora esto de lo de los polvos del moderno.

Veo que son tantas las personas que celebran mis críticas, y que entran en diálogo conmigo a raíz de ellas, como las que las deploran y me atacan por ellas. En cuanto a las personas que las deploran, supongo que se debe a que en esta sociedad colonial sujeta a la hipocresía, la franqueza es sinónimo de impertinencia. A nadie le gusta ver que otro es libre de decir lo que quiera, pues le señala que él también es libre y que, si ejerciera esa libertad, tendría que asumir una responsabilidad mucho mayor que la que asume al contentarse con su sujeción. Por otra parte, en esta sociedad acostumbrada a las fórmulas y al sainete, el ingenio resulta escandaloso. Y en esta sociedad acostumbrada a que las mujeres sean indolentes y uniformes, que una mujer sepa que sabe pensar muy bien en algunas cosas —y que no sea falsamente modesta al respecto— constituye una amenaza. Adicionalmente, aquí se cree que “hay que respetar” y se abusa de la palabra respeto, como si el respeto por cualquier cosa que alguien dice o hace, o por cualquier persona, fuera un deber. No saben que el respeto a la constitución y a las leyes es un deber y que, más allá de eso, uno solo debe respetar a quien le inspira respeto; lo otro es servidumbre. Por último, la de mi columna sobre Bogotá y la contenida en el chiste sobre los polvos del Moderno no son “cada opinión que se hace pública”; son dos ejemplos de chistes y opiniones entre muchos chistes y opiniones que he hecho públicos (en mis libros, en mis columnas de prensa, en facebook, en entrevistas, etc.), y, de hecho, están entre los ejemplos más banales y flojos. Lo que pasa es que a twitter llega lo más flojo, fácil y banal, si es a eso a lo que te refieres.

(Mea culpa: le pregunté por lo más flojo, fácil y banal)

Desde luego, a Carolina Sanín no se le puede discutir su trayectoria académica, ni que “sabe pensar”, ni le estamos pidiendo falsa modestia, pero no sabíamos que deplorar alguna de sus opiniones era no reconocer su ingenio. Tampoco nos escandalizó, queríamos seguir con la cadena de chistes flojos.

En realidad, acá a nadie que piense se le reconoce el ingenio, no solo por ser mujer que saben. Prueba de ello es que cuando a ella la invitaron a hablar sobre un tema social (el reinado) la pusieron a discutir con un comentarista de chismes.

Seguramente nuestro interés por las categorías sexuales de su comiquísima broma le pareció una mierda, lo más flojo.  Como la mierda que los perros dejan en los prados del Gimnasio Moderno, y que fotografió después en cuenta de Facebook. Pero, “no hay nada que temer, señores: es simple mierda”. Claro, no estamos acostumbrados al sofisticado humor libertario sobre mamás. 

http://www.shock.co/cultura/articulos/le-preguntamos-carolina-sanin-por-los-polvos-cachacosos-e-ignorantones-78198

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Diálogo espontáneo

8 Dic

Una de las grandes ventajas de publicar en internet es que brinda la posibilidad de interactuar con los lectores. La mayoría de los usuarios leen y se quedan con su opinión, otros, la inmensa minoría -los valientes y los altaneros- escriben una opinión o una pregunta.  Hay lectores-burro, pero también hay lectores-poeta-filósofo.

Vean esta bonita conversación a partir de un comentario comentado por dos nuevos comentaristas:

Comentario 1: Elsy, una pregunta. Por supuesto no la tiene que responder, o la responderá cuando quiera. Usted tiene cosas que decir y escribe bien — ¿pero no siente que si el Twitter le quita tiempo y la distrae de otro trabajo importante? (O de pronto le ve valor literario, como epigrama).

… siente que el twitter…

A mí personalmente me quita tiempo. Me gusta, leo trinos sabrosos como los suyos, y me gusta trinar, pero no debería… Mis disculpas en todo caso,

Son preguntas que deberían hacerse en confianza.

Comentario 2: Es parte del desconcierto que crea Elsy y de lo íntimamente humano que se degusta en el personaje viviente, en el párrafo continuo que es el sentir y el pensar de Elsy. Lo que creo es que debería retirar los ojos de esa farándula emergente que la desvela , tal vez porque la eligió como el reflector de esa modernidad vacua en que se cae cuando la inteligencia carece de alguna sensibilidad trascendente y que ella con su agudo morbo caricaturiza.

Mi respuesta al comentario anterior: Si se fija bien el 95% de los textos que publico aquí no tienen que ver con “esa farándula emergente que la desvela”, me interesa más la literatura.

Un nuevo comentario: Un buen ensayo largo sobre Emerson también nos podría desconcertar sabrosamente.

Yo: ¿No es encantador leer esta conversación? ¡A mí me gusta!

Al margen

7 Dic

Por lo que respecta al marxismo, no veo la utilidad de esa violación practicada sobre sí mismos por burgueses de nacimiento y de educación que se esfuerzan en identificarse con el proletariado invocando su doctrina. ¡Todo eso no son sino palabras al viento!

Y un lujo, además. Esos análisis interminables, esos estados anímicos archisutiles, esos escrúpulos demasiados dramáticos, ese hilar tan fino, todo eso huele a lujo; y el olor del lujo no es olor de santidad… resulta casi imposible separar cierta moral demasiado moral de las comodidades, del refinamiento, de un nivel de vida más elevado. Esa moral aristocrática, o simplemente bien provista, esa moral en carroza, esa “gran dama” me fastidia, yo la preferiría corriente, sencilla, vestida con modestia, oprimida entre el gentío, un tanto perdida en la marea de los acontecimientos, más inmediata, anónima.

Desgraciadamente, el lujo parece acompañar a esta moralidad también en un sentido concreto. ¿A dónde llevó la moral a un Mauriac? A la gloria, a la Academia Francesa, al Premio Nobel, y a unos ingresos bastante interesantes, supongo. ¿Acaso no es gracias a la moral por la que Sartre goza de tanta influencia entre las jóvenes generaciones? Supone también un éxito personal. ¿No es cierto que los representantes de la moral comunista, Aragón y Neruda, por ejemplo, han conseguido en el inmoral sistema capitalista posiciones muy envidiables, hermosas casas, honores, chóferes, admiradores, cuartos de baño, amor y muebles de estilo? Y la angustias morales de Camus ¿No le proporcionaron el Premio Nobel apenas cumplidos los cuarenta?

No les estoy condenando, les comprendo, también a mí me gustaría poseer hermosas casas, y colecciones como las de Neruda. Pero no hay nada que hacer; para el artista, la moral constituye una especie de sex-appeal, por ella seduce y se embellece, a sí mismo y a sus obras. En consecuencia, sería mejor que el arte no abordara tan delicado tema sin la discreción necesaria. Un arte explícitamente moralizador, o realmente, demasiado “noble”, es para mí un fenómeno bastante irritante. De acuerdo, que el escritor sea moral; pero que hable de otras cosas. Que la moral nazca de sí misma, al margen de la obra.

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Autoentrevista sobre autoficción

7 Dic

Esta semana descubrió el término autoficción en un libro sobre Fernando Vallejo. Descubrió que su nombre (Elsy Rosas Crespo) figura en algunos estudios críticos sobre el autor antioqueño relacionados con este enfoque, es decir, que en alguna medida usted estudiaba la estética del autor desde una perspectiva novedosa aunque usted no la llamaba autoficción sino ficcionalización de la oralidad. Descubrió también que usted misma ha llevado la autoficción al límite sin proponérselo, sin ser consciente de que está haciendo literatura en la medida en que ha sido capaz de construir un personaje que suele confundirse con la persona que lo construyó. El personaje es Ensayista, la persona es Elsy Rosas Crespo. Ensayista es el nombre de un usuario que escribe sobre sí mismo y sobre otros y es un poco engreída, nada que ver con la dulzura, la amabilidad y la sencillez de Elsy Rosas Crespo. La gente odia al personaje Ensayista y persigue con un hacha a la pobre Elsy Rosas Crespo. ¿Cómo se siente ante tantos hallazgos?

Confundida.

¿Por qué?

Ahora entiendo mejor por qué he recibido tantas amenazas de muerte, de ataques con ácido,  por qué me han cerrado y suspendida tantas veces la cuenta en Twitter, por qué me han perseguido en la calle y en el servicio público, por qué he tenido que cambiar mis números telefónicos varias veces y por qué he tenido que dar tantas explicaciones que mucha gente se niega a entender.

¿Qué es lo que la gente no entiende?

Quienes dicen que me odian confunden la escritura con la persona que escribe. Ayer escribí precisamente sobre eso. Sobre el hecho de que algunas personas leen lo que escribo y reaccionan con violencia. En vez de responder con un texto escrito que se convierta en puente para establecer un diálogo en torno a un tema concreto que parta, por ejemplo, de un texto publicado en este blog, me dicen que me están buscando para matarme o me dejan comentarios insultantes en el blog. La escritura los hiere, sueñan con aniquilar a la persona que escribe por aquello que escribió. Se toma cada palabra al pie de la letra, no piensan en procesos de escritura sino que sienten que la persona llamada Elsy Rosas Crespo los está atacando y creen que deben reaccionar. Es como cuando Germán Santamaría escribió una columna de opinión titulada “Prohibir al sicario” para referirse a la adaptación cinematográfica de La virgen de los sicarios. El periodista leyó el libro, vio la película, y quedó convencido de que Fernando Vallejo es el personaje de la obra literaria. Confundió al personaje, que también se llama Fernando, con el autor, que es Fernando Vallejo, vive en México desde hace más de treinta años y confiesa conocer las comunas de Medellín a lo lejos.

¿La costumbre de autoentrevistarse formaría parte de la autoficción?

Hasta donde he leído sí. El personaje Ensayista se niega a conceder entrevistas, escribir su autobiografía en Wikipedia, ir a recitales, participar en concursos de cuento, publicar libros, no aspira a ser amiga de escritores colombianos ni de figuras influyentes de las redes sociales  y Elsy Rosas Crespo la apoya, le sigue el juego porque se ha terminado convirtiendo en algo serio lo que comenzó siendo apenas un juego. Cuando me autoentrevisto puedo ejercer bien el papel de periodista y de escritora. Creo que sueno convincente.

¿Cuando se autoentrevista responde Ensayista o Elsy Rosas Crespo?

Hasta donde he leído en la autoficción se terminan fusionando la persona y el personaje. Para algunas personas la que responde es Ensayista, para otras la que responde es Elsy, para otras responde el personaje que ha construido en su mente a partir de la idea generada en el cerebro del espectador  al observar las fotos que he ido publicando desde hace cinco años, a partir de los tuits, de los posts y de los ensayos que publiqué hace quince años cuando era simple y llanamente Elsy Rosas Crespo, cuando no habían aparecido las redes sociales y no tenía la posibilidad de pensar en algo como Ensayista. Me imagino que la imagen del personaje también se nutre con los rumores entre los lectores,  se alimenta de las calumnias y exageraciones de las que he sido víctima. Se han inventado muchas mentiras sobre mí. Los lectores le dan nuevas dimensiones al personaje y los reclamos se los hacen a la persona. Es bastante confuso todo.

¿Se siente orgullosa de su gran descubrimiento?

Más que orgullosa estoy sorprendida.

¿Por qué cree que terminó haciendo autoficción?

Supongo que tiene que ver con el hecho de que estoy obsesionada con la vida de las grandes mentes de todos los tiempos. Me gustan los seres humanos honestos y auténticos, los que no han tenido miedo cuando se trata de  hacer públicos sus puntos de vista, los que han tratado de vivir una vida digna de ser imitada. Busco gente admirable que hable bien de la condición humana, que me motive a ser tan grande como ellos. Es algo que nació conmigo, necesito admirar a vivos y a muertos. Por eso tengo tan pocos amigos y soy desconfiada, porque tengo que estar segura de que admiro a una o dos personas porque son dignas de admiración, porque conversar con ellas se convierte en un gran acontecimiento para mí.

En el caso de los humanos admirables muertos la honestidad brota en las cartas, los diarios, las autobiografías, las memorias, los consejos y las entrevistas más que en las obras de ficción. Lo más sorprendente de los escritores que más admiro no lo encuentro en las obras que los hicieron famosos sino cuando hablaban sin pensar en la fama ni en el arte,  cuando eran un simple ser humano, cuando le escribían una carta a un familiar o a un amigo muy querido.

¿Cómo cree que es el personaje que ha ido construyendo?

Supongo que quiero presentarme como un ser humano digno de ser admirado pero también como una persona arrogante, implacable y desmedida y por eso el personaje puede afectar de manera tan directa y contundente a algunas personas, sienten que están ante un personaje pero saben que en algún momento me pueden ver caminando por ahí, como la persona más común del mundo, porque eso es lo que soy.

 

Ni amor ni odio

6 Dic

Los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente. ¿Me comprenderás hasta el final, soportarás el peso de mi tedio, mis manías, mis caprichos, mis desánimos y mis coléricas mudanzas?

Gustave Flaubert a Louise Colet

Mi vida es casi tan triste como la del pobre Flaubert porque los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente y poca gente entiende un sentimiento como ese.  Cuando los rechazo porque me admiran sin medida se molestan y algunos terminan odiándome, me odian porque no admito la admiración desmedida. Es extraño. Creen que estoy obligada a agradecer la admiración y a mí la admiración me desarma, me hace sentir culpable porque no soporto tener club de admiradores. ¿Será porque mucha gente admirada por muchos es gente despreciable? ¿Será porque la admiración le quita libertad al admirado y lo aleja de aquello que lo hacía digno de admiración? ¿Será porque muchas personas admiradas se convierten en personas vanidosas que terminan valiendo más como presencia que por su obra? Debe ser triste que se imponga la presencia.

La admiración desmedida sorprende tanto como el odio concentrado porque ningún ser humano debe doblegarse ante otro ser humano y porque ningún ser humano debe sentirse con el derecho a odiar y aspirar a hacerle daño a otro ser humano sólo porque no comparten puntos de vista. Se puede tener una opinión favorable o desfavorable de alguien y esa opinión puede ser o no aceptada, pero una opinión, un texto escrito, un discurso, no puede conducir al fanatismo ni al deseo de destrucción de quien lo escribe porque la escritura no se corresponde siempre con la persona que escribe y porque los textos escritos precisan de tiempo (en algunas ocasiones más de cien años) para saber si quien los escribió estaba equivocado o no. Si estaba equivocado su yerro no debe convertirlo en víctima y los lectores no tienen ninguna autoridad para asumir el papel de verdugo. Lo digno sería que manifestaran su inconformidad a través de un texto escrito, para que haya paridad.

¿Vale la pena escribir en internet?

6 Dic

Lo que me sorprende es que debajo de esas críticas se note un odio contra mí, contra mi persona, un prejuicio denigrador.

Gustave Flaubert

Cometí la imprudencia de leer esta mañana algunos papeles públicos; repentinamente, una lasitud como el peso de veinte atmósferas se abatió sobre mí, y me he visto paralizado ante la espantosa inutilidad de explicar cualquier cosa a quien fuese. Quienes saben, me pueden adivinar, y para los que no quieren o no pueden comprenderme, amontonaría en vano las explicaciones.

Charles Baudelaire

Hay momentos en los que me siento halagada al saber que hay gente que dice que me odia porque lee lo que escribo, me hacen sentir como Sade, Flaubert, Baudelaire, Benjamin… Más si tenemos en cuenta que no he publicado ningún libro, no existo en la Historia de la Literatura Colombiana Contemporánea, no he participado en ningún concurso de cuento,  no acepto entrevistas, no escribo columnas de opinión ni asisto a eventos culturales de ningún tipo. No existo como intelectual ni como escritora pero hay gente que me odia porque no le gusta lo que escribo. El mío es un triste dilema.

También hay momentos en los que deseo no ser tan “famosa” porque esa “fama” me la he ganado escribiendo en internet y como en internet impera la ley del monte y el 98% de los usuarios que comentan o envían mensajes privados son anónimos, entonces el precio de la “fama” es muy agotador.

Como le ocurre a las grandes mentes de todos los tiempos me acusan por haber escrito ciertos textos y yo como “escritora” esperaría que quienes me acusan me explicaran con otro texto qué es lo que tanto les molesta, pero en buenos términos, no con insultos, amenazas y malas palabras.

Lo he dicho veinte veces y lo vuelvo a decir:

  1. Soy una persona común.
  2. No tengo amigos influyentes.
  3. No busco fama.
  4. No busco dinero.
  5. No busco prestigio.
  6. Escribo porque tengo mucho tiempo libre.
  7. El 98% de los textos que publico en este blog son sobre oralidad, lectura, escritura, crítica literaria, literatura colombiana…
  8.  La  mayor parte de mi tiempo transcurre leyendo.
  9. Soy una persona indefensa.
  10. No sería capaz de hacerle daño ni a una mosca.
  11. ¿Vale la pena atacar de forma violenta e irracional a una persona como yo?

Un café a las cinco de la mañana para soñar

4 Dic

Uno de mis grandes placeres consiste en hacer experimentos con el sueño.

Uno de mis experimentos más recurrentes tiene que ver con el placer sublime de mezclar sueños y café.

Hay algo en el café que nos pone a soñar distinto

Y entonces durante meses me gusta despertarme a las cuatro de la mañana, pensar un rato, dar vueltas en la cama como cuando un bebé se despierta satisfecho y se solaza en su propio descanso. Y luego me levanto a las cinco, preparo un tinto y duermo hasta las ocho.

He caído en esas prácticas de la pereza a lo largo de mi vida pero lo sorprendente es que ahora sueño menos.

Sueño menos pero descanso más.

Dicen que la madurez consiste en no pensar en el público y en no preocuparse por nada. Ni emociones fuertes ni grandes decepciones.

Vamos a ver hasta cuándo me dura el idilio.