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Los restos de un libro no escrito

20 Nov

Las obras no acabadas suelen gozar del raro y a veces merecido prestigio que se otorga a lo fragmentario (sí, estoy pensando en Walter Benjamin y su proyecto de la obra de los pasajes). No dicen todo lo que se proponía decir, pero en sus silencios queda como fijada a perpetuidad una promesa cuyo cumplimiento llega a convertirse en reto u obligación para futuros intérpretes. Esta suerte de lo incompleto ha recorrido las notas y los ensayos que he ido publicando en este blog. Son los restos de un libro no escrito. Bien podría pensar el lector que he muerto y no hay un alma generosa que se encargue de organizar “la obra”.

Ahora quiero cambiar de estilo. Quiero escribir frases cortas separadas por puntos. No por comas. Quiero que cada frase sea como un puño. Quiero que el lector tiemble cuando las lea.  Que se convenza de una vez por todas -y para siempre- de que soy una paciente psiquiátrica y escribo desde la habitación de un hospital bajo el efecto de un droga que me pone a pensar incoherencias y que esas incoherencias son  redactadas luego en este blog (usando todos los signos de puntuación). En lo profundo de su ser sabrá que soy la persona más cuerda que ha leído (y esa certeza le producirá angustia y un poco de remordimiento), pero me seguirá llamando con aire de prepotencia La loca Elsy. Sabe que en realidad escribo desde la comodidad del hogar y soy una señora gorda y bonachona. No podrá parar de leer porque mi estilo es adictivo y sabe que  esto es escritura y nada más. Buena escritura. Estilo premeditado. Puro cálculo y obstinación. Pasemos al siguiente párrafo:

Esta escritura es peligrosa porque no está la persona, el cuerpo ni la voz. Las frases cortas asustan. Parece escritura esquizofrénica. Pero no es una esquizofrénica quien escribe. Sino una persona muy culta que compró muchos libros este año. Con la intención de hacer varios experimentos. Entre el 21 de noviembre y el 31 de diciembre.

Esta mañana hablé dos horas por teléfono sobre mi nuevo estilo. Mi interlocutor estaba un poco nervioso. Le dije que voy a mezclar dos estilos literarios. Que nadie será capaz de descifrarlos.

Anímate a hacer algo de veras

20 Nov

Cada cierto tiempo aparece una persona sin talento a decirme que probablemente yo sí lo tengo pero me falta esforzarme. Hoy quiero compartir este mensaje con ustedes, es un comentario dejado en el blog, no en este sino en el otro, en el que desaparecerá el 31 de diciembre de 2015:

Honestamente, antes yo solía pensar que abstenerme o quedarme fuera de un intento era salvarme de todo lo malo que eso traía, pero luego descubrí que eso es una justificación para no esforzarme e intentarlo como los demás. El mérito está en superar, no en negar, en hacer algo, y una vez hecho, lidiar con lo que no te gusta, pero no en quedarse fuera criticando sin intentarlo nunca, eso es solo engañarse a una misma.
Anímate a hacer algo de veras y a persistir en ello en vez de evadirlo. Creo que tienes el talento.

¿Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos?

20 Nov

Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven. Cómo sacan fuerzas para vestirse por las mañanas.

Emily Dickinson

Las preguntas que se hace la artista son preguntas nada tontas. Yo también me las hago (sin ser artista y sin ser famosa) y no encuentro ninguna respuesta. Sólo encuentro (pobre corazón atormentado) amenazas de muerte y de ataques con ácido en la cara. Me tienen prohibido preguntar.

Mi miseria consiste en que a pesar de los peligros que me acechan no puedo parar de hacerme las mismas preguntas y no se me pasa por la mente que pueda ser peligroso, que pueda haber alguien esperándome en la calle para -en el momento menos esperado- acabar conmigo o  dejarme un recuerdo en la cara para que aprenda a respetar.

¿A respetar a quién?

¿Quién se merece respeto en un país como Colombia?

A pesar de las frases amenazantes que retumban en mi cabeza, frases del tipo: “en cualquier lugar puede estar el que le va a lavar la cara con acido hagalo una vez mas y le juro que le hago joder esa jeta asquerosa ni una mas gonorrea”, a pesar de ese mensaje cargado de odio no sé ser precavida en la ciudad del miedo, no puedo parar de sonreír mientras camino  y saludo a la gente, porque camino por calles por donde transita  gente que me conoce y cree que soy una persona jovial.  Y lo soy. Mi agresor debería conocerme en persona o conversar conmigo durante veinte minutos y pensar mientras ve mi mirada y oye el tono de mi voz si Bogotá sería una mejor ciudad sin mí.

No me atrevo a ir a la estación de policía a decir que tengo miedo ni me atrevo a caminar con precaución para despistar a la persona que me persigue para saber si me estoy comportando a la medida de su deseo y su gusto.

Me cuesta mucho creer que una persona que me lee puede llegar a atentar en contra mía. Si lee es porque le interesa lo que escribo y si no le interesa o no le gusta debería ignorarme y ya. Si mi nuevo agresor lo piensa bien debe admitir que soy una persona común que pasa la mayor parte de su miserable vida leyendo y escribiendo. ¿Cuál es mi delito? ¿Escribir sobre las estrellas de la farándula? ¿Por eso me van a echar ácido en la cara? ¿Tanto vale y tan importante es esa gente?

¿Qué tipo de preguntas se haría Emily Dickinson si tuviera cuenta en Facebook, en Twitter y en Instagram?

¿Cuántos amigos tendría en cada red?

¿Iría a Juan Valdez con sus amigos?

¿Estaría dichosa en las redes sociales?

¿Qué pensaría de los viajes en Transmilenio si fuera bogotana?

¿Cómo podría hacer la vida tolerable con tantos amigos en cada red social sin sentir que no le falla a ninguno y que a medida que aumenta la cifra es menos auténtica? 900 en total, 300 en cada red (sin contar los contactos en WhatsApp).

¿Sería un troll o un fake?

¿La censurarían?

¿La amenazarían de muerte y de ataques con ácido en la cara por escribir lo que piensa en un blog como este?

¿Qué pasaría si escribiera frases como las que leerán a continuación en su cuenta de Twitter con nombre propio y foto real?

¿Ya estaría muerta?

¿La buscarían para matarla o para decirle que la admiran?

¿Por qué esta mujer tan insignificante tiene tanto que decir sobre el siglo XXI?

Son muchas preguntas y ninguna respuesta:

La vida es para dos. Nunca para un comité.

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.

Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.

Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.

Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?

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