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¿Walter Serner es más vigente hoy que hace veinte años?

16 Nov

Esta semana supe -no sin dolor- que ahora, gracias a las redes sociales, no tenemos amigos sino redes de amigos y que la nueva forma de relacionarnos hace que seamos más viles, superficiales, calculadores y falsos de lo que éramos antes. Me fue imposible no pensar en Walter Serner y quise seleccionar algunas frases suyas que se ajustan a nuestra miseria actual.

¿Es más vigente el pesimismo de las grandes mentes hoy que hace veinte años?

¿Debemos vivir en permanente estado de resignación ante la construcción de relaciones humanas cada vez más prefabricadas, frágiles e intercambiables?

¡Dios!

Mi alma llora,

No puedo adaptarme a los grandes cambios porque no soy tan insensible.

Todavía creo en la amistad al estilo Montaigne, Flaubert y Séneca.

¿Mi destino es el convento?

¡Ah!

Con ustedes, el gran Walter Serner (demos gracias a Dios que está muerto, sufriría mucho el pobre hombre si tuviera una cuenta en Twitter):

Alaba a menudo. Admira rara vez. No critiques nunca.

No debes hablar cínicamente con mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre.

Nadie es tan tonto como para que no puedas, después de tres días, convencerlo de que es un genio.

Si alguien te asalta con una pregunta, una observación, aparenta estar un poco confundido: como si te hubiera sacado de tus reflexiones.

Haz como si tomaras la vida en serio. Los listos, si te creen, te considerarán digno de confianza; si no te creen, te tomarán por listo.

Durante siglos, a todas las cosas se les suscribieron profundidades que en verdad nunca han tenido. Esto ha sido la causa de grandes desgracias. Banaliza todo; cosecharás éxitos y sembrarás oportunidades.

Cuando estés mal, harás bien en intentar ocultarlo. Pero si gozas de éxito, a tu alrededor surgirán odios y envidias, así que finge un malestar pulmonar o un dolor de riñones y cómprate una sepultura: todo enemistad se desvanecerá.

No es la aversión a este mundo donde todos traicionan, venden y engañan, la que convierte a muchas personas en raros y solitarios. Es el temor de no tener fuerzas suficientes para desconfiar continuamente, para timar, para saquear.

Promete realizar todo lo que te pidan. Prométele con tanto júbilo que cualquier duda sobre tu promesa se disuelva enseguida. Si luego no cumples lo prometido, habrás sido alabado de tal modo, que ya no valdrá la pena decir lo contrario de ti.

Todo el mundo se alegra de poder juzgar. Si temes, pues, que alguien pudiera condenar alguna de tus características, llévalo mañosamente a que condene esta misma característica en otra persona. Así se olvidará de la tuya y pensará que se ha equivocado.

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