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Lo verdaderamente importante

26 Jun

Lo  verdaderamente importante ha llegado por azar, nunca por recomendación o fruto del cálculo consciente. Esa frase es de Nietzsche, pero también es mía.

Estoy volviendo a leer al loco, a uno de los autores favoritos de mi infancia, y estoy sorprendida porque muchas frases de él parecen frases mías. Cuando era niña sentía que había llegado de Alemania y estaba en la familia equivocada, lo pensé durante mucho tiempo. Cuando tenía nueve años se me ocurrió que debía leer a los filósofos alemanes, ¿Quién me lo dijo? Nadie. Era una niña que estaba terminando la Primaria. Entonces yo misma fui a la biblioteca y durante muchos años de mi infancia y de mi juventud amé con desesperación los libros de Schopenhauer y de Nietzsche y a partir de muchas de sus ideas construí el edificio de mi vida.

Anoche, por puro aburrimiento, tomé Ecce Homo y cada frase me sorprende porque parece que muchos pasajes de ese libro los hubiera escrito yo. Algunas frases tienen la estructura de mis frases y algunos actos ejecutados por él han sido actos ejecutados por mí.

Ese libro fue escrito cuando Nietzsche tenía mi edad, fue el último libro que escribió y luego se desencadenó su locura definitiva. Probablemente lo escribió como escribió tantos libros Virginia Woolf, sólo para demostrarse que no estaba loco.

Leo el libro del loco en absoluto estado de lucidez, sonrío ante algunas de sus exageraciones, comparto con él  sus apreciaciones sobre los autores franceses y sobre la lectura y pienso que es un verdadero privilegio tratar de llegar al fondo de las cosas sin enloquecer, sin desesperarse, sin sentir que la vida es una miseria o una carga. El quería ser como yo, uno de los filósofos más admirados en mi juventud aspiraba a ser como yo, a vivir como vivo yo.

Esta mañana me dijeron que soy una persona absolutamente excepcional y que debo asumir que lo soy, que nadie podrá comprender lo que quiero decir y que no aspire a que mi discurso afecte a alguna persona porque no soy normal sino sobrenatural, los demás son simples seres humanos que no saben por qué están aquí, simplemente viven, como cualquier otro animal. Eso es lo que pensaba el pobre Nietzsche de él mismo y probablemente lo era, pero la diferencia entre él y yo es que yo puedo verlo todo de manera clara porque no tengo nublada la mente por la enfermedad, la impotencia ni la falta de experiencia en la vida. El pobre hombre fracasó en el amor, renegó de sus mejores amigos y, lo peor de todo, pasó la mayor parte de su vida custodiado como un niño por su madre y por su hermana. Tiene razón Cioran cuando dice que Nietzsche no tiene ninguna autoridad para hablar de la vida porque no vivió y que muchas de sus frases son frases infantiles, como si hubieran sido pronunciadas por un niño malcriado.

He saboreado a fondo durante la mayor parte de mi vida los frutos de la independencia, la salud y la soledad. Esta mañana me pidieron que me sentara y pensara seriamente cuál es la misión de mi vida, por qué todo ha sido tan sencillo para mí, me dijeron que la mayor parte de la gente pasa por la vida sin apenas darse cuenta mientras que yo estoy poseída por una conciencia clara. Eso es muy bonito, nunca sobran los discursos halagadores que salen de los labios de personas admirables.

A partir de este momento me sentaré durante horas a pensar con calma cuál es mi misión en la vida.

La verdades de George Orwell que nadie quiere poner en práctica en el fin de los tiempos

26 Jun

No se puede ser católico y mayor de edad.

Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano.

Los mitos que son creídos tienden a convertirse en verdaderos.

Los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos.

Opino que a los cincuenta cada uno tiene la cara que se merece.

Quizás uno no deseara tanto ser amado como ser comprendido.

Todo ocurre en la mente y sólo lo que allí sucede tiene una realidad.

Una visión horrible: Era un cerdo caminando sobre sus patas traseras.

La publicidad es el repiqueteo de un palo dentro de un cubo de basura.

La libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quieren escuchar.

En un tiempo de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario.

Ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante.

¿Qué conocimiento tenemos de nada si no es a través de nuestro propio espíritu?

Es imposible fundar una civilización sobre el miedo, el odio y la crueldad. No perduraría.

Dejar pasar los días y las semanas, devanando un presente sin futuro, era lo instintivo.

Los hombres sólo pueden ser felices cuando no asuman que el objetivo de la vida es la felicidad.

Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.

Podríamos darnos cuenta un día de que los alimentos en conserva son armas más mortíferas que las ametralladoras.

No querían que la riqueza fuese repartida; si la riqueza llegara a generalizarse, no serviría para poder distinguir a nadie.

No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.

Haced desaparecer al hombre de la escena y la causa motivadora de nuestra hambre y exceso de trabajo será abolida para siempre.

Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes.

Olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria y luego olvidarlo de nuevo.

Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas.

Lo más característico de la vida moderna no es su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

Al vincular mi nombre con algo, yo honro, distingo a ese algo

26 Jun

Mi práctica belicosa puede resumirse en cuatro principios:

1. Yo sólo ataco a lo que triunfa; en ocasiones, incluso espero hasta que lo consigue.

2. Yo sólo ataco cuando no voy a encontrar aliados, cuando estoy solo, cuando me comprometo únicamente conmigo mismo. No he dado nunca un paso en público que no me comprometiese; esto es lo que yo entiendo por obrar bien.

3.  Yo no ataco jamás a personas; me sirvo de la persona tan sólo como de una poderosa lente de aumento con la cual se puede visualizar una situación de peligro general, pero que se escapa, que resulta poco aprehensible.

4. Yo sólo ataco cosas cuando está excluida cualquier disputa personal, cuando está ausente todo trasfondo de experiencias penosas. Al contrario, desde mi punto de vista, atacar representa una prueba de benevolencia y, en ocasiones, de gratitud. Al vincular mi nombre con algo, yo honro, distingo a ese algo. Que yo esté a favor o en contra, es indiferente para este propósito.

Friedrich Nietzsche.