Contra las biografías

19 Jun

Durante veinte años o más me desviví por las biografías y ahora que yo misma me he convertido en un personaje digno de ser estudiado por los especialistas en literatura y en psicología del arte siento que las biografías son una verdadera patraña, una gran mentira.

Poco tiene que ver la familia ilustre de Virginia Woolf con su talento, poco tiene que ver el alcoholismo de Bukowski con su poesía, poco tiene que ver la pobreza de William Blake con sus visiones, poco tiene que ver la biblioteca de Emily Dickinson con sus experiencias en el jardín de su casa y poco tiene que ver la sinceridad de Nietzsche con su locura. No es muy diferente ser el hijo de un ministro o de un carnicero, estudiar en el mejor colegio del barrio o ir todos los días a una biblioteca pública, haber viajado por todo el mundo o no haber salido nunca de la casa, haber sido reconocido y aplaudido en vida o haber muerto sumido en la pobreza, el olvido, la burla y el desprecio.

Todo queda en manos del tiempo y la vida del autor dice muy poco, casi nada de su obra, de lo más asombroso y perturbador de lo que escribió cuando era un simple ser humano sentado ante una hoja de papel, una máquina de escribir, un computador o un iPad.

Hay mucha gente culta, alcohólica, sensible, devota, amante del campo, delirando en un hospital psiquiáitrico, sumida en la pobreza y el abandono, hay mucha gente viviendo en las mejores y en las peores condiciones y ni la comodidad ni la miseria los convierte en artistas, partamos de este principio: no hay condiciones materiales, sociales, intelectuales ni psicológicas ideales para fabricar seres excepcionales.

Los biógrafos y los analistas se esfuerzan, buscan orden y lógica, explicaciones que nos lleven a comprender la naturaleza del artista gracias a sus carencias o sus excesos, sus influencias, sus genes y lo más probable es que la explicación no se encuentra ahí sino que va mucho más allá y lo que buscan con tanto empeño leyendo muchos libros para luego escribir otros, esa verdad sobre el talento del artista no se encuentra escudriñando la vida privada de la gente, sus traumas de infancia ni su lista de amigos y enemigos.

Ahora la moda del momento consiste en que un periodista comparte una semana de vida en la casa del artista, se inmiscuye en su privada con la ilusión de llegar al fondo de su ser y luego escribe un perfil  para una revista prestigiosa con muchas fotografías en pose casual y una prosa regular sobre lo que significó conocer a fondo a una persona sobre la que todos quieren saber algo más allá de lo que pueden ver cuando leen lo que escribe.

A mí me han propuesto esos ejercicios y nunca salgo del asombro, creo que esa no es la forma más inteligente y sutil de llegar a la esencia de un ser excepcional.

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