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En mis manos acojo los excrementos

8 Feb

En mis manos acojo los excrementos
formando con ellos poemas
cerca estoy ya de donde sopla el viento.

Mi ano es todo lo profundo
solo construye un mundo
un niño baila en el dibujo
fiel a la rosa de lo inmundo.

Los labios de los hombres
dicen que la mujer es bella
y mienten.
Sin embargo tú eres bella como de la mujer
dicen los libros y las leyendas
y pensé en besarte al amparo de la muerte
única segura compañera
y eyaculé sangre pensando que me amabas.
Hoy de aquella Zaragoza que la amistad nombró
sólo queda
sobre la mesa un ejemplar sin vida
de “vida ávida” de Ángel Guinda
y unas voces que oigo en las pesadillas.

Leopoldo María Panero

Lo que Stephan Mallarmé quiso decir en sus poemas

8 Feb
Quiso el viejo decir cuando ya la última lámpara
en el cuarto estaba apagada
y el sol no nos veía, la sierpe lanzaba
con las heces del día al pozo del recuerdo
al sueño que todo lo borra, al sueño,
quiso decir el viejo que las leyes
del amor no son las leyes de la nada
y que sólo abrazados a un esqueleto en el mundo vacío
sabremos como siempre que el amor es nada,
y que la nada
siendo así algo que con el amor y la vida
fatalmente rompe, quiere una ascesis
y es por ello que una cruz en los ojos, y un
escorpión en el falo representan al poeta
en brazos de la nada, de la nada henchido
diciendo que ni siquiera Dios es superior al poema.
***
Leopoldo María Panero

Un loco tocado de la maldición del cielo

8 Feb

Un loco tocado de la maldición del cielo

canta humillado en una esquina

sus canciones que hablan de ángeles y cosas

que cuestan la vida al ojo humano

la vida cerca se pudre a sus pies como una rosa

y ya cerca de la tumba, pasa junto a él

una Princesa.

Leopoldo María Panero

 

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Blancanieves se despide de los siete enanos

8 Feb

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está a la venta el jardín de los cerezos.

Leopoldo María Panero

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