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Filosofía del arte de la ropa

23 Ene

La individuación es un término objetivo que distingue a uno de otro. Cuando la distinción se hace objetiva, el deseo de poder levanta la cabeza y con frecuencia se vuelve incontrolable. Cuando no es demasiado fuerte o cuando es más o menos negativa, uno se vuelve extremadamente consciente de la presencia de comentarios y críticas.  Esta conciencia nos empuja con frecuencia a la miserable servidumbre, recordándonos el Sartor Resartur de Carlyle. “La filosofía de la ropa” es una filosofía del mundo aparente en el que todos se visten  para todos los demás, para parecer distintos a sí mismos. Eso es interesante. Pero cuando va demasiado lejos, se pierde la propia originalidad, se pone uno en ridículo y se convierte en un mono.

D. T. Suzuki

Filosofía del arte de la espada

23 Ene

Los filósofos del arte de la espada atribuyen este sentido adquirido por el espadachín al funcionamiento del inconsciente que se despierta cuando alcanza un estado de despersonalización, de no-conciencia. Dirían que cuando el hombre es adiestrado hasta alcanzar el más alto grado del arte, no tiene la conciencia relativa ordinaria con la que conoce que está envuelto en la lucha por la vida y la muerte y que cuando su adiestramiento se pone en práctica su mente es como un espejo en el que se refleja todo pensamiento que pueda haber en la mente del opositor, y sabe de inmediato dónde y cómo atacar al oponente (para ser exactos, ese no es un conocimiento sino una intuición que se realiza en el inconsciente). Su espada se mueve, mecánicamente como si dijéramos, por sí misma sobre su oponente que encuentra imposible la defensa porque la espada cae en el lugar donde el oponente no está en guardia. El inconsciente del espadachín es el resultado de la desperzonalización que, de acuerdo con la “Razón del Cielo y de la Tierra”, abate todo lo que está en contra de esta Razón. La carrera o la batalla del arte de la espada no es para el más rápido, el más fuerte o el más diestro, sino par aquel cuyo espíritu es puro y despersonalizado.

D. T. Suzuki