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Un canto a la limpieza

7 Ene

Nací con el gen de la mujer ordenada y limpia. Cuando era niña descubrí el placer de organizar, de transformar el caos en orden, como un dios; ver algo sucio convertido en algo limpio, eso me emocionaba. Era un placer inocente, jugaba muy seria a organizar la casa, no la casa de las muñecas estúpidas sino la casa en la que vivía con mi familia de carne y hueso, gente real. Pudimos haber tenido una sirvienta, claro, pero en mi casa no gozamos el placer de la servidumbre, no gozamos viendo a otro ser humano de rodillas limpiando nuestra inmundicia, la limpiábamos nosotros mismos, como gente civilizada y noble.

Nunca me he divertido con juguetes para niños, siempre me ha gustado divertirme a costa de la gente o jugando con un gato o con un perro. Cuando era niña tenía mi gato negro y mi perro criollo, ahora salimos al parque con Andrés a buscar perros sin amo para jugar y caminamos buscando gatos de antejardín o de calle para consentir. Tener mascota en estos tiempos de soledad y miseria existencial es un acto vil. La humanización de los animales es peor que la animalización de los humanos.

El olor a limpio me entusiasma y ver el agua muy sucia y luego muy limpia me produce tanto placer como caminar o ver una película. Sospecho que esos placeres los goza más intensamente una mujer que un hombre porque la mujer durante siglos ha sido entrenada para asear la casa, para organizar el hogar, para sentirse plena realizando tareas innobles, para ser una buena mujer, una buena ama de casa.

Yo lo vivo como un juego que disfruto con cierta frecuencia y cuando estoy de rodillas ante la mancha que no afloja siempre pienso en las mujeres que son sólo amas de casa y para quienes su única función en la vida es ser sólo eso. Ese pensamiento me hace sentir triste por ellas y feliz por mí: puedo “rebajarme” haciendo un supuesto trabajo vil que disfruto como un juego y mientras lo realizo pienso en lo que he leído y en lo que he escrito. Y me siento bien: puedo escribir sobre lo divertido que es asear la casa.