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El plagio perdonado a Catalina Ruiz-Navarro

3 Dic

Gracias a Twitter nos enteramos de la muerte de Rosa Elvira Cely y marchamos indignados (Catalina Ruiz-Navarro recuerda ese atroz feminicidio cada vez que se agrede a una mujer).

Gracias a Twitter supimos que en el parqueadero de Andrés Carne de Res las parejas embriagadas de alcohol y de deseo se aman ante la mirada atónita de los vigilantes que cubren el turno de las 3 a.m (Catalina Ruiz-Navarro odió como tantas a Andrés Jaramillo  y desde su columna en El Espectador volvió a gritar: ¡No más maltrato a la mujer! Desde ese día no ha dejado de usar minifalda para sentar su voz de protesta).

Gracias a Twitter supimos quién es Gabriela Salazar: una niña recién graduada de Bachiller que dejó a su papá con una deuda de 180 millones porque copió ilustraciones de varias autoras norteamericanas para un libro de Pilar Castaño y éste tuvo que ser recogido por plagio. La deuda sólo incluye la recogida de los libros; a la  familia de Gabriela Salazar sólo le queda esperar si las ilustradoras de las obras originales la denuncian por el robo o no (Catalina Ruiz-Navarro decidió seguir los pasos de Gabriela, aunque plagiar a una mujer no es precisamente un detalle cordial y respetuoso con ella ni con sus ideas. Más tratándose del robo de una feminista colombiana a una feminista norteamericana, entre feministas deberían tratarse mejor porque comparten el peso de esta sociedad patriarcal y falocéntrica).

La primera pregunta que vale la pena formularse es simple: ¿Por qué en Colombia se le rinde tanta reverencia a los autores norteamericanos hasta el nivel de robarse sus trabajos?

Plagio es plagio como violación es violación, no se plagia un poquito y de nada sirve ofrecer disculpas y arrepentirse de la falta cuando un hombre viola o asesina a una mujer; es un delito imperdonable y no se admiten términos medios. Catalina es una feminista radical como sólo podría serlo en un país tropical y amarillista como Colombia, ella está dispuesta a denunciar todo tipo de abusos y malos tratos a las mujeres sin importar su condición social, es una especie de Pirry de las nuevas tecnologías y tiene su club de fans, gente que está dispuesta a hacerse matar por ella especialmente porque es una mujer muy deseable y porque hizo una cata de condones para la revista SoHo. Cada vez que se convoca a una marcha -en minifalda o no- por el maltrato a una mujer, ella marcha y grita como todas las demás y luego se indigna a través de su columna en El Espectador y los otros cuatro medios para los que trabaja.

Y entonces pasamos a formularnos la segunda pregunta:

¿Esperaríamos un plagio tan obvio de una mujer tan ejemplar como ella? ¡No!

Catalina Ruiz-Navarro es una trabajadora incansable de los derechos vulnerados de las mujeres y necesita que su voz de protesta llegue desde diferentes medios. También es profesora  en el área de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Irónico sería que la materia a su cargo se llamara Comunicación y Ética, o Derechos de Autor, o Escritura en Medios Digitales. Si es escandaloso que un estudiante incurra en plagio y lo niegue cuando ha sido evidenciado, cuál será nuestro nivel de indignación cuando Catalina Ruíz-Navarro copia casi todo el texto de Lisa Wade y luego ofrece disculpas diciendo que sí, que le faltaron algunas comillas y que ya envió la corrección al medio en el que el plagio fue publicado.

Los tuiteros en general le han perdonado el plagio a Catalina Ruíz-Navarro, lo han visto como un mal menor, algo que pasó y debe ser olvidado porque todos en algún momento se han robado las ideas ajenas. Para mí sigue siendo escandaloso, más tratándose de una persona dispuesta a luchar con manos y pies por los derechos de los desvalidos, dispuesta a denunciar a los corruptos y a analizar todas las formas de atropello en contra de seres sin voz. Eso se llama falta de coherencia, es una actuación infame, una pose, un personaje que ella ha creado porque es creíble y porque posar de justiciero es algo que excita a las masas estúpidas y le reporta buenos dividendos a quien asume el rol.

Cuando un estudiante se acostumbra a plagiar llega un momento en el que se confía tanto que no le da importancia a los detalles, un golpe de suerte del profesor puede darle pistas sobre un plagio. Seguramente Catalina viene incurriendo en este delito desde hace mucho tiempo y se confió como se confía el estudiante vago, la copia es tan evidente y premeditada que es obvio que no es la primera vez que lo hace, es un acto recurrente. una forma de subestimar a los lectores, cuando roba a otros autores debe pensar con cinismo: “¿Si lo he hecho tantas veces y no lo han notado por qué lo van a notar esta vez?”. Ella pone en práctica las políticas de El rincón del vago: “¿Para qué escribir lo que ya está escrito? Se supone que El rincón del vago es para estudiantes, no para profesores de Comunicación Social y activistas profesionales.

A ella no le va a pasar nada, no va a tener que rendir cuentas ante el director de El Espectador ni ante el Director de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, reinará la ley del silencio en ese otro mundo de la impunidad amparado por los medios de comunicación, pero nos queda internet, este blog, la maravillosa herramienta llamada Twitter para decirle a quien pase por aquí:

Catalina Ruiz-Navarro no es coherente, lo suyo no debería ser el activismo, el periodismo y la docencia sino la política.

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