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De noche

16 May

¡Hundirse en la noche! Así como a veces se sumerge la cabeza en el pecho para reflexionar, sumergirse por completo en la noche. Alrededor duermen, los hombres.

Un pequeño espectáculo, un autoengaño inocente, es el de dormir en casas, en camas sólidas, bajo techo seguro, estirados o encogidos, sobre colchones, entre sábanas, bajo mantas; en realidad se han encontrado reunidos como antes una vez y como después en una comarca desierta: Un campamento al raso, una inabarcable cantidad de personas, un ejército, un pueblo bajo un cielo frío, sobre una tierra fría, arrojados al suelo allí donde antes se estuvo de pie, con la frente contra el brazo, y la cara contra el suelo, respirando pausadamente. Y tú velas, eres uno de los vigías, hallas al prójimo agitando el leño encendido que cogiste del montón de astillas, junto a ti. ¿Por qué velas? Alguien tiene que velar, se ha dicho. Alguien tiene que estar ahí.

Kafka

Vestidos

16 May

Cuando veo vestidos con múltiples pliegues, volantes y adornos que se acomodan lindamente sobre hermosos cuerpos, pienso que no se conservarán así por mucho tiempo, sino que mostrarán arrugas imposibles de planchar a la perfección, polvo que impregnará el encaje y que no se podrá quitar más: nadie querrá ser tan ridículo y desdichado como para ponerse por la mañana el mismo lujoso vestido y quitárselo por la noche.

Sin embargo veo chicas muy lindas mostrando variados músculos y huesitos, una piel tersa y finos cabellos, y que no obstante aparecen en esta especie de ingenuo disfraz, apoyan la misma cara en las mismas palmas de las manos y se dejan reflejar por su espejo; solamente a veces, por la noche, cuando regresan tarde de una fiesta, ante el espejo, el vestido les parece estropeado, deformado, lleno de polvo, ya visto por todos y casi inutilizable.

Kafka