Sexo, vida y muerte

21 Abr

El sexo es la unión de dos seres en un solo cuerpo con fines reproductivos, para matar el tiempo, por recreación o por simple calentura que necesita ser apagada.

El sexo se opone al género o le sirve de complemento. El sexo está relacionado con el cuerpo, con la configuración física, con  la máquina de follar; el género, en cambio, es social, es la máscara con la que nos presentamos ante los demás, la representación de lo femenino o lo masculino o la mezcla de ambos para ser puesta en escena ante  la mirada inquisidora de los demás, para que nos rotulen como hombre, mujer, hombre afeminado, mujer masculinizada…  pedazos de carne susceptibles de ser gozados  o despreciados por otro cuerpo en un momento dado.

 Todas las combinaciones posibles desde un ser que quiere ser visto y otros que lo ven y lo interpretan o malinterpretan a partir de sus propias creencias  y prácticas sexuales, es decir, las relacionadas con el cuerpo. 

A través del sexo se produce la vida, esa es su miseria: de un momento de pasión o de gimnasia, de una experiencia divertida o bochornosa, una pareja de seres, un pobre hombre y una pobre mujer pueden darle vida a otro ser desesperado, tanto o más que ellos. Este pobre niño cuando crezca terminará practicando la misma aventura por puro aburrimiento o desesperación. El sexo y la vida no tienen nada de original, no son ni proeza ni milagro.

El sexo es la trampa que la naturaleza le tiende a todos los pobres seres que habitan este mundo miserable para dar más vida, más tristeza, más aburrimiento y más desilusión. El sexo sería perfecto si solo estuviera relacionado con el placer, la gimnasia o la diversión. Sin fines, sin intereses de ningún tipo.

La muerte es el reverso de la vida, su otra cara, no se produce gracias a un carnal cruce de sexo sino que se relaciona con la putrefacción de la carne, la misma carne que se exhibe para el deseo del público y que se retuerce de placer y en el peor de los casos da vida que se constituirá en futura muerte, en más putrefacción.

Lo menos ridículo entre el sexo, la vida y la muerte es la muerte, por supuesto, el muerto se libera del peso de la existencia y de la esclavitud del deseo. Deja de preocuparse por su identidad sexual, deja de jugar a ser el mejor amante y el más sabio para cargar con la vida. La muerte es el consuelo que nos queda mientras hacemos el ridículo viviendo y follando.

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