El hombre de carne y hueso

4 Feb

Puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral.

El hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.

A medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad conciente, personal y concreta, se exagera más el valor de la pobre vida pasajera.

Si la conciencia no es, como ha dicho un pensador inhumano, nada más que un relámpago entre dos eternidades de tinieblas, entonces no hay nada más execrable que la existencia.

Lo más santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en común. Un miserere cantado en común por una muchedumbre azotada del destino, vale tanto como una filosofía.

Hay personas, en efecto que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar, mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida. Y las gentes que no piensan más que con el cerebro, dan en definidores: se hacen profesionales del pensamiento. ¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la diferenciación del trabajo?

Miguel de Unamuno, en Del sentido trágico de la vida.

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