Dieta depresiva

4 Feb

Arrastrándome regreso a mi casa, con el rostro inundado de poppers derramado, apestando de pies y boca, hacía años que no estaba tan borracho, con unas ganas terribles de vomitar y cagar al mismo tiempo, imposible hacer las dos cosas a la vez, hay que elegir. Elijo evacuar primero mi diarrea, sentado en el retrete, una salsa infecta y pestilente salpica la loza, pero, de repente, el deseo de arrojar es demasiado intenso, me doy la vuelta para vomitar una bilis ácida que me arranca la garganta en la taza, a cuatro patas y con el culo desnudo entre el olor a desinfectante, y he aquí que la cagalera vuelve con fuerzas renovadas y acabo proyectando un litro de mierda líquida y apestosa sobre la puerta mientras lloro y llamo a mi madre.

Frédéric Beigbeder. El amor dura tres años. Barcelona: Anagrama. 2003: 95.

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